Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares
(CTBT)
Emb. Miguel Marín Bosch *
Hace más de treinta años que la comunidad internacional viene abogando por una cesación
completa de los ensayos nucleares. El tema ha sido prioritario en las debates y negociaciones de desarme tanto
en la Asamblea General de las Naciones Unidas como en la Conferencia de Desarme (CD) en Ginebra. En 1963, con el
Tratado de Prohibición Parcial de los Ensayos (PTBT), los Estados Unidos, el Reino Unido y la entonces Unión
Soviética pusieron fin a sus ensayos en la atmósfera y debajo del agua y se comprometieron a no llevarlos
a cabo en el espacio ultraterrestre. Pero no se prohibieron los ensayos subterráneos, aun cuando hubo el
compromiso de procurar “alcanzar la suspensión permanente de todas las explosiones de ensayo de armas nucleares”
y la determinación “a proseguir las negociaciones con este fin”.
Francia, que empezó a ensayar en 1960, y China, que lo haría en 1964, nunca firmaron el PTBT. Sin
embargo, con su adhesión reciente al Tratado sobre la no proliferación de las armas nucleares (TNP),
han adquirido, al igual que los otros tres Estados poseedores de armas nucleares (EPAN), el compromiso contenido
en su Artículo VI de “celebrar negociaciones de buena fe sobre medidas eficaces relativas a la cesación
de la carrera de armamentos nucleares en fecha cercana y al desarme nuclear, y sobre un tratado de desarme general
y completo bajo estricto y eficaz control internacional”. Y la frase “cesación de la carrera de armamentos
nucleares en fecha cercana” significa nada menos que la cesación total de los ensayos nucleares, es decir,
un Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares (o CTBT, como se le conoce por sus siglas en
inglés).
¿Una meta prioritaria a nuestro alcance?
En efecto, durante casi cuatro décadas un CTBT ha sido considerado la condición de que para no detener
y revertir la carrera cualitativa de armamentos nucleares. Pero su concertación ha eludido a la comunidad
internacional.
Es cierto que han habido acuerdos bilaterales entre los Estados Unidos y la Unión Soviética para
limitar el tamaño de sus ensayos. Es cierto también que, a finales de la década de los setenta
hubo negociaciones trilaterales entre los Estados Unidos, el Reino Unido y la Unión Soviética sobre
este tema. Pero el hecho es que los ensayos han continuado y en 1995 aún no contamos con un CTBT. Los cinco
EPAN no han concluido un tratado “en fecha temprana” y durante 30 años la CD ni siquiera fue capaz de iniciar
negociaciones sobre esta cuestión prioritaria.
A partir de 1993, sin embargo, las cosas empezaron a evolucionar de manera positiva. A raíz de varias decisiones
unilaterales, en particular por parte de los Estados Unidos y la Federación Rusa, se abrió el camino
para la negociación multilateral de un CTBT, una negociación que habría de involucrar a la
comunidad internacional en su conjunto y no sólo, como en el pasado, a dos, tres o cinco países.
El 10 de agosto de 1993 la CD acordó encargar a su Comité ad hoc sobre la Prohibición de los
Ensayos Nucleares “la activa negociación de un Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos de
Armas Nucleares universal y multilateral y eficazmente verificable, que contribuya de modo eficaz a la prevención
de la proliferaciòn de las armas nucleares en todos sus aspectos, al proceso de desarme nuclear y, en consecuencia,
al fomento de la paz y la seguridad internacionales”.
En su resolución 48/70 del 16 de diciembre de 1993, la Asamblea General de la ONU endosó unánimemente
la decisión de la CD y en enero de 1994 se iniciaron las negociaciones. El Comité ad hoc se reunió
durante la sesión anual de la CD (enero a septiembre) y celebró además una reunión
intersecional del 28 de noviembre al 16 de diciembre. A finales de enero reanudará sus labores.
El Comité ad hoc estableció dos grupos de trabajo: uno encargado de la verificación y otro
de las cuestiones jurídicas e institucionales. En 1994 el Comité elaboró un texto evolutivo
que figura como apéndice a su informe anual (documento CD/1273/Rev.1). Dicho texto evolutivo consta de unas
cien páginas a renglón cerrado y contiene las propuestas presentadas por diversas delegaciones durante
las discusiones. Mas que un documento de trabajo constituye una especie de inventario preliminar de ideas que deberán
refinarse. Contiene también muchas contrapropuestas e innumerables corchetes.
Las principales cuestiones a resolver son, las relativas al alcance de la prohibición, el sistema de verificación
y la entrada en vigor del futuro Tratado. Aquí se presenta una breve descripción de dichas cuestiones.
Se incluyen también algunas reflexiones sobre la cuestión de un CTBT en general.
Las principales cuestiones pendientes:
1. El alcance de la prohibición
¿Qué prohibirá un CTBT? Cada Parte en el PTBT se compromete a prohibir “cualquier explosión
de ensayo de armas nucleares, o cualquier otra explosión nuclear en cualquier lugar que se halle bajo su
jurisdicción o autoridad...en la atmósfera, más allá de sus límites, incluido
el espacio ultraterrestre, o debajo del agua, incluidas las aguas territoriales o la alta mar”.
Por tanto, es de esperarse que un CTBT amplíe esa prohibición al ámbito subterráneo
y lograr así una cesación completa de los ensayos nucleares. Sin embargo, en las últimas décadas
la tecnología relativa a los ensayos nucleares ha venido evolucionando a tal grado que, para algunos EPAN,
las “explosiones de ensayos de armas nucleares”, esto es, los ensayos en su forma tradicional, han dejado de ser
una actividad indispensable para sus propósitos en materia de armamentos nucleares.
Es obvio que a través de un CTBT no se prohibirán las armas nucleares. Y lo que buscan los EPAN es
la manera de mantenerlas en buen estado sin ensayarlas en la forma tradicional. Pero no tienen la intención
de cerrar los campos de ensayo ni de permitir que otros los inspeccionen. Más aún, buscan la manera
de seguir obteniendo los beneficios y datos derivados de los ensayos por otros medios. Y aquí es donde la
discusión podría tornarse acalorada debido a las diferencias entre los propios EPAN, por un lado,
y entre éstos y el resto de la comunidad internacional, por el otro.
La decisión de suspender los ensayos podría codificar la actual asimetría que en materia nuclear
existe entre los EPAN. Es como si alguien venido de otro planeta tuviera el poder de decirles “Quédense
así, como están”. Los cinco estaban en plena actividad pero unos estaban más adelantados que
otros. Si se les obliga a permanecer en el nivel en que se encontraban, habrá unos en una posición
más cómoda que otros. Y en 1995 dos de los cinco EPAN están en esa posición.
Al definir el alcance de la prohibición se tendrán que tomar en cuenta varias actividades relacionadas
con los ensayos nucleares. Para empezar, ¿prohibirá un CTBT las llamadas explosiones con fines pacíficos
(EFP)? Algunos países, incluyendo a China, han propuesto que se excluyan dichas explosiones.
Aquí cabe tener presente que en los últimos treinta años han surgido serias dudas acerca de
algunos usos pacíficos de la energía nuclear. Lo que en una época pareció encerrar
la clave del suministro seguro de energía barata, ahora tiene muchos detractores. Los años noventa
no son los cincuenta cuando se hizo la propuesta de los “átomos para la paz” que resultó en el Organismo
Internacional de Energía Atómica (OIEA). Algunos países han abandonado o recortado sus proyectos
en este renglón. Las EFP también tuvieron su época de auge. El TNP, por ejemplo, les dedica
un Artículo entero. Pero hoy hay una opinión bastante generalizada en el sentido de que las EFP deberían
prohibirse junto con los ensayos de armas nucleares. Y la razón de peso es que aún no se puede —y
quizá nunca se logre— distinguir entre una explosión con fines militares y otra con fines pacíficos.
Sin embargo, cabe subrayar que esta opinión no es unánime.
Por otro lado, hay una serie de actividades y técnicas que los EPAN han venido desarrollando y que quizás
quisieran conservar. El caso de los experimentos hidrodinámicos es un ejemplo. Los experimentos hidronucleares
es otro. Además, hay la fusión inercial de confinamiento, otras fuentes de radiación, las
explosiones no nucleares de gran mágnitud, los experimentos de alta temperatura y de alta presión
y los modelos de computación. Todas estas actividades sirven para conocer mejor los efectos tanto de un
artefacto nuclear como del material de sus componentes. Algunas de ellas simplemente no podrán prohibirse,
mientras que la prohibición de otras no podrá verificarse fácil o económicamente.
Si uno se propone prohibir una determinada actividad sería lógico prohibir también todo lo
relacionado con la misma. Supongamos, por ejemplo, que se pretende prohibir toda prueba clínica de cierto
tipo de droga —no la droga en sí, pero los experimentos científicos de esa droga. Lo lógico
sería, en primer lugar, identificar los sitios —clínicas o laboratorios— donde se venían llevando
a cabo los experimentos con dicha droga y, en segundo lugar, destruir todo el equipo que se utilizaba en dichos
experimentos. En otras palabras, debería prohibirse todo lo relativo a dichos experimentos. Eso sería
lo lógico. Pero en el caso de los ensayos nucleares, esa no es la lógica imperante. Algunos EPAN
quieren reproducir en un CTBT lo que se acordó en el PTBT, es decir, prohibir únicamente la explosión
en sí.
2. El sistema de verificación
El problema fundamental con la verificación de acuerdos multilaterales de desarme reside en el hecho de
que son bien pocos los países que cuentan con los métodos y técnicas necesarios. Los llamados
“medios nacionales” de verificación es un eufemismo para describir los sistemas de observación por
satélite, espionaje y otros métodos desarrollados durante décadas por las principales potencias
militares. No sería exagerado decir que tanto Estados Unidos como la Federación Rusa (y quizá
algún otro país también) podrían verificar unilateralmente un CTBT. Aun las organizaciones
internacionales con sus propios sistemas de verificación han llegado a aceptar el suministro de información
obtenida unilateralmente por alguna potencia militar. En este sentido resulta muy aleccionador el ejemplo de la
relación entre Estados Unidos y el OIEA en el caso de la República Popular Democrática de
Corea.
De ahí que periódicamente se presenten —como lo hizo Francia en 1978— propuestas para dotar a la
ONU (o alguna otra institución) con los medios (incluyendo satélites) para verificar los acuerdos
de desarme. Esos intentos no han prosperado debido a la oposición de países que, como Estados Unidos
o la Federación Rusa, ya poseen “medios nacionales” adecuados. Por consiguiente, cada acuerdo multilateral
de desarme ha requerido de su propio sistema de verificación. Algunos acuerdos, como el PTBT, no tienen
un sistema de verificación. Otros, como la Convención sobre las Armas Biológicas de 1972,
no incluyeron un mecanismo de verificación debido a la suspicacia de la Guerra Fría pero ahora las
Partes están en proceso de elaborarlo. Ello se debe al ejemplo de la Convención sobre las Armas Químicas
(CAQ) de 1993, instrumento que contiene lo que sin duda constituye el sistema de verificación más
completo y complicado de cualquier acuerdo de desarme. Es natural, pues, que muchos países insistan en reproducir
en un CTBT algo parecido a lo acordado en la CAQ en materia de verificación. Sin embargo, debe tenerse cuidado
de no ser demasiado ambiciosos. Primero, se trata de la verificación de dos actividades muy distintas. Y
segundo, el ejemplo del proceso preparatorio de lo que será la Organización para la Prohibición
de las Armas Químicas no es muy alentador.
En 1994 el Comité Ad Hoc en Ginebra examinó a fondo las diversas tecnologías disponibles para
detectar e identificar una explosión nuclear. Es obvio que el futuro sistema multilateral de verificación
estará basado principalmente en la red de estaciones sísmicas que se ha venido estableciendo desde
hace casi veinte años bajo los auspicios de un grupo de expertos de la propia CD. Como complemento de este
sistema, se incluirán otras técnicas como el monitoreo atmosférico (radionucleidos) e hidroacústico
y quizás también infrasonido y observación por satélite. Las inspecciones in situ (de
rutina y especiales) también habrán de jugar un papel importante.
Lo que se está discutiendo, quizás con demasiado detalle, es la posible sinergia o combinación
de las distintas técnicas de verificación. Asimismo, tendrá que asegurarse la imparcialidad
en la recolección y análisis de los datos científicos, la seriedad de las instancias políticas
correspondientes y la transpariencia de cualquier sistema de consultas encaminado a aclarar sospechas y disipar
dudas. Por último, debe tomarse en cuenta también cuánto costará el sistema de verificación
y cómo se repartirán esos costos entre las Partes.
Las discusiones sobre la verificación de un CTBT fueron una de las mayores fuentes de desacuerdo que a la
postre sirvieron para descarrilar las negociaciones. Por tanto, las delegaciones en Ginebra deberían explorar
la posibilidad de acordar cuanto antes las disposiciones generales sobre un sistema de verificación, dejando
la elaboración de los detalles técnicos del mismo para el período entre la firma y la entrada
en vigor del CTBT.
3. La entrada en vigor
Al igual que la cuestión de la verificación, la disposición relativa a la entrada en vigor
podría complicar la conclusión de un CTBT. En teoría un CTBT, como cualquier otro acuerdo
multilateral de desarme, debería ser universal. En la práctica, sin embargo, afectaría de
manera directa a bien pocos países. La inmensa mayoría de Estados ya está comprometida —en
el TNP o en acuerdos regionales como el Tratado de Tlatelolco— a no llevar a cabo ensayos nucleares. Sólo
los cinco EPAN y los tres países en el umbral no Partes en el TNP (India, Israel y Pakistán) estarían
obligándose finalmente a no realizar ningún ensayo.
Los cinco EPAN quieren que un CTBT entre en vigor simultáneamente no sólo para ellos y la India,
Israel y Pakistán sino también para todos aquellos otros países que, no obstante la restricciones
que ya les imponen el TNP u otros Tratados parecidos, tienen una capacidad nuclear reconocida o son, según
algunos EPAN, “proliferadores en potencia”. Si se condiciona así la entrada en vigor de un CTBT, podriá
tardar muchos años en cobrar vigencia. Lo mismo podría ocurrir si se opta por una fórmula
parecida al de la CAQ, cuya entrada en vigor requiere 65 ratificaciones y en la actualidad lleva menos de una por
mes desde que se firmó en enero de 1993.
El significado de un CTBT
Hasta la década de los setenta un ensayo nuclear constituyó un claro indicio de que un país
había adquirido la capacidad de construir armas nucleares. Hoy ya no es el caso. Uno puede fabricar un artefacto
relativamente confiable sin necesidad de ensayarlo. Los ensayos sólo son importantes si uno desea continuar
mejorando los diseños de las bombas o iniciar su producción en grandes cantidades. Su precio es tal
que su calidad, esto es, su confiabilidad, debe confirmarse mediante ensayos antes de empezar su producción.
Aparte de los cinco Estados que han venido ensayando durante décadas parece difícil identificar otra
nación que hoy en día quisiera llevar a cabo un ensayo. El ejemplo de la India es pertinente: ensayó
un llamado artefacto nuclear con fines pacíficos en 1974. Si los ensayos son tan importantes, ¿por
qué no ha continuado con ellos?
Los ensayos ciertamente jugaron (y, en algunos casos continúan jugando) un papel central en el mejoramiento
de los arsenales nucleares (su miniaturización y precisión) y en las tecnologías relacionadas
con las armas nucleares como la simulación por computadora. Y debido a esto último, entre otras razones,
los Estados Unidos y la Federación Rusa han decidido dejar de ensayar en lo que ya hemos descrito como la
manera tradicional. De ahí sus moratorias unilaterales y su llamado para un CTBT.
Lo que está ocurriendo ahora con relación a los ensayos nucleares no es muy distinto a lo que ha
venido pasando durante años en el campo del desarme: las naciones tecnológicamente más avanzadas
llegan a un punto en el que pueden descartar una determinada arma o actividad relacionada con los armamentos y
luego tratan de prohibir esa arma o actividad para el resto del mundo mediante un tratado multilateral. Ese fue
el caso a finales de los años sesenta tocante a las armas bacteriológicas (biológicas) y toxínicas
y a las armas químicas cuando la Guerra del Golfo demostró a los militares estadounidenses que un
ejército grande (el “cuarto en el mundo”, se nos dijo), aun uno supuestamente equipado con armas de destrucción
en masa, no era rival alguno para las armas convencionales de alta tecnología. Los Estados Unidos llegaron
a la conclusión de que no necesitaban armas químicas y el corolario era obvio: nadie más debía
poseerlas. Tras años de impedirlo, repentinamente Estados Unidos insistió en que la CD concluyera
cuanto antes las negociaciones sobre la CAQ, misma que se abrió a la firma en enero de 1993.
El ejemplo de 1963
Hacia principios de los años sesenta, los Estados Unidos, el Reino Unido y la Unión Soviética
habían perfeccionado los ensayos subterráneos a tal grado que pudieron suspenderlos en la atmósfera
y rápidamente codificaron ese paso en el PTBT. La firma de ese tratado estuvo precedida por una moratoria
que, a su vez, estuvo seguida de varias rondas de ensayos, principalmente atmosféricos en el caso de la
URSS, desde finales de 1961 hasta 1963. En otras palabras, en vísperas del PTBT hubo muestras de buenas
intenciones políticas (i.e., las moratorias), así como de la necesidad de satisfacer las exigencias
técnicas de los militares mediante una última serie de explosiones antes de “cerrarle la puerta”
a los ensayos atmósféricos. Más aún, el Senado de Estados Unidos sólo estuvo
de acuerdo en ratificar el PTBT a cambio de que Estados Unidos prosiguiera con un programa “agresivo” de ensayos
subterráneos, mantuviera instalaciones modernas de laboratorios nucleares y el personal necesario, y preservara
una “capacidad de ensayos atmosféricos”.
Francia y China no han firmado el PTBT y durante años siguieron ensayando en la atmósfera. Sin embargo,
una vez que también adquirieron una capacidad de ensayos subterráneos, declararon que observarían
las disposiciones del PTBT.
Consideraciones finales
A principios de los años noventa se está repitiendo ese patrón. Los EPAN más avanzados
están dispuestos a prohibir los ensayos subterráneos tradicionales. Insisten, sin embargo, en mantener
tanto “una capacidad de ensayos subterráneos” en caso que deseen reanudarlos como la posibilidad de ensayos
de muy bajo nivel y otras actividades relacionadas con los ensayos. Por su parte, China y Francia parecen necesitar
unos cuantos más ensayos subterráneos a fin de miniaturizar sus arsenales y adquirir una capacidad
de simulación por computadora, respectivamente. China ha proseguida con su programa mientras que Francia
sólo decidirá si reanuda o no sus ensayos hasta después de las elecciones nacionales en mayo
de 1995. Estos hechos ciertamente no apuntan hacia la pronta conclusión de un CTBT.
¿Qué ha ocurrido desde 1993 cuando Estados Unidos y la Federación Rusa decidieron suspender
sus ensayos y emprender la negociación de un CTBT? Inicialmente tuvieron que decidir dónde y con
quién negociarlo. Se pensó que quizás convendría que los cinco EPAN elaboraran un primer
proyecto. Así había ocurrido con el PTBT y el TNP y así se había trabajado a finales
de los años setenta cuando los Estados Unidos, el Reino Unido y la Unión Soviética entablaron
negociaciones trilaterales.
La primera ronda de consultas de la Administración del Presidente Clinton convenció a Estados Unidas
que entre los EPAN había una clara preferencia por negociar un CTBT multilateralmente desde un principio.
Se evitaría así la impresión de un Tratado “impuesto por los EPAN” y se optó por la
CD en Ginebra. De ahí la decisión del 10 de agosto de 1993. Pero los EPAN acordaron también
reunirse de manera paralela a las reuniones de la CD para buscar acuerdos entre ellos sobre las disposiciones principales
de un CTBT. Esas consultas prosiguieron durante todo el año de 1994 pero sus resultados no se han dado a
conocer. Ello se debe a que seguramente aún no se logran acuerdos importantes.
Durante el año pasado se puso en evidencia que entre los EPAN había distintos grados de entusiasmo
acerca de la urgencia de un CTBT. Estados Unidos y la Federación Rusa abogaron por su rápida conclusión.
Sin embargo, muy pronto se vieron envueltos en un proceso de consultas que habrían de avanzar a un ritmo
mucho más lento de lo esperado debido a las actitudes asumidas por los otros tres EPAN, especialmente China
y Francia. En efecto, China ha continuado con su programa de ensayos y ha presentado propuestas tendientes a complicar
las negociaciones en Ginebra. Por ejemplo, además de sugerir que se excluyan las EFP de un CTBT, ha insistido
en que éste incluya una disposición sobre el no primer uso de las armas nucleares y garantías
de seguridad de que no se emplearán las armas nucleares ni se amenazará con su empleo a los Estados
no possedores de dichas armas.
Por su parte, Francia ha tenido que sortear las negociaciones en vista de su posición ambigua: si bien ha
mantenido la moratoria unilateral decretada por el Presidente Mitterrand y ha decidido participar en las negociaciones
en Ginebra, el Gobierno del Primer Ministro Balladur no ha tomado una decisión acerca de si se continuarán
o no los ensayos. Por lo pronto, en el presupuesto de 1995 se incluyeron fondos en caso de que se decida reanudarlos,
pero esa decisión sólo se tomará después de las elecciones de mayo próximo.
El caso del Reino Unido es único entre los EPAN ya que, sin proponérselo, está observando
una moratoria de facto dado que ha venido realizando sus ensayos en las instalaciones de Estados Unidos cuyo gobierno
se ha decretado una moratoria unilateral.
El estado que guardan las consultas entre los EPAN pudo haberse modificado radicalmente si los Estados Unidos y
la Federación Rusa hubieran tomado alguna iniciativa conjunta durante 1994. Pero no lo hicieron, quizás
para no “romper” con los demás EPAN. Y ahora, a principios de 1995, la situación interna tanto en
Estados Unidos como en la Federación Rusa ha cambiado sustancialmente. En lugar de ejercer un liderazgo
decisivo y oportuno, Washington y Moscú se encuentran avanzando en las negociaciones a un ritmo que les
han impuesto los demás EPAN. Más aún, las discusiones internas de sus respectivas burocracias
a veces permiten entrever una falta de compromiso firme por lograr un CTBT. Y algunas de las propuestas que han
presentado en Ginebra reflejan poca seriedad. Tal es el caso de la sugerencia estadounidense de permitir a los
EPAN “salirse del CTBT” después de diez años si así lo deciden unilateralmente. Por último,
el calendario político interno en esos dos países ya ha empezado a enrarecer el ambiente en Ginebra.
Todo lo anterior ha tenido su impacto en los trabajos del Comité Ad Hoc. Es cierto que en 1994 realizó
mucha actividad, sobre todo a nivel de expertos en el seno del Grupo de Trabajo sobre verificación, y que
se han compilado muchas propuestas. Pero también es cierto que después de un año de labores
el Comité aún no cuenta con un documento de trabajo —un texto evolutivo— en el que se presenten claramente
las distintas opciones o alternativas para cada una de las principales cuestiones pendientes.
Precisamente para evitar esta situación, el Presidente del Comité anunció en marzo de 1994
que hacia junio (una vez concluida la primera ronda de discusiones) sometería su propio texto evolutivo
a la consideración del Comité a fin de facilitar las negociaciones. A medida que se acercaba esa
fecha, una media docena de delegaciones de la Unión Europea le sugirieron en privado al Presidente que quizás
sería prematuro presentar dicho texto. La razón fundamental de esas gestiones era la actitud de rechazo
de los dos EPAN miembros de la Unión a la propuesta del Presidente. Simplemente se negarían a considerar
un texto presentado por el Presidente en junio como se habían negado en febrero a considerar como base de
las discusiones el proyecto de tratado presentado por Suecia o el documento muy útil elaborado por Australia.
En vista de lo anterior y a fin de evitar que unas ocho o diez delegaciones de las 37 que integran la CD se resistieran
a examinar el texto, el Presidente decidió no presentarlo. Ese grupo estaba compuesto de países de
Europa Occidental, algunos de Europa Oriental y Pakistán (que quizás quiso auxiliar a China). Es
cierto que la gran mayoría de los miembros de la CD había alentado la presentación de un texto
“relativamente limpio” de corchetes y variantes. Más aún, Estados Unidos y la Federación Rusa
habían apoyado abiertamente al Presidente. Sin embargo, ni ellos ni los otros países que favorecían
la aceleración del proceso de negociación —casi todos los miembros del Grupo de los 21 así
como Australia, Canadá, Japón y algunos europeos no miembros de la Unión— se pronunciaron
en público para contrarrestar la posición del grupo minoritario.
Las negociaciones prosiguieron de julio a septiembre y luego durante tres semanas más en reuniones intersesionales
en noviembre y diciembre. Existió la posibilidad de tener más reuniones intersesionales, pero no
hubo acuerdo al respecto debido a la actitud asumida por algunas de las mismas delegaciones que meses antes habían
rechazado la idea misma de un texto evolutivo del Presidente.
En 1995 seguramente habrá de persistir la situación antes descrita. Como lo demostró la negociación
en la Asamblea General de la ONU de lo que habría de convertirse en la resolución 49/70 del 15 de
diciembre de 1994, la inmensa mayoría de naciones, incluyendo a Estados Unidos y la Federación Rusa,
quieren acelerar (y aun fijar una fecha para concluir) las negociaciones. Pero hay un muy reducido grupo de países,
que incluye a China y Francia, que, si bien no tienen inconveniente en “seguir negociando intensamente” durante
1995, no están seguros de que quieren concluir en fecha próxima dichas negociaciones. Y, por las
razones ya mencionadas, la comunidad internacional en general y los Estados Unidos y la Federación Rusa
en particular parecen haberse resignado a “seguir negociando” a sabiendas de que la conclusión de un CTBT
seguirá posponiéndose.
NOTA
1. Para una discusión detallada de estas actividades y técnicas, véase
Eric Arnett (editor), Implementing the Comprehensive Test Ban: New Aspects of Definition, Organization and Verification
(SIPRI Research Report No. 8) (Oxford University Press, 1994).
* Nota Biográfica
En 1994 presidió el Comite de la Conferencia de Desarme encargado de la negociación
del Tratado para la Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares (CTBT).
Ha publicado numerosos artículos sobre la historia de México y del Brasil, el desarme y relaciones
internacionales. Su libro "Votos y Vetos en la ONU" apareció en la tercera semana de enero de
1995.
Tuvó la suerte de colaborar estrechamente con los embajadores Alfonso García Robles y Jorge Castañeda.
Ha impartido clases de historia en la Universidad Autónoma de México y en el Instituto Tecnólogico
Autónomo de México.
Durante 1989 ha sido Representante Permanente de México ante los Organismos Internacionales con sede en
Ginebra y la Conferencia de Desarme.
Diplomático de carrera, el Embajador Miguel Marín Bosch ha seguido los temas de desarme tanto en
Nueva York como en Ginebra.