El OPANAL como Instrumento para la Planificación, Sistematización,
Ordenación y Coordinación del Uso Pacífico de la Energía Nuclear
Sr. Javier Cureñot *
En los últimos años, la convicción de la trascendencia histórica del Tratado de Tlatelolco
se ha extendido progresivamente como consecuencia de las reiteradas resoluciones de la Asamblea General de las
Naciones Unidas que han elogiado y promovido este ejemplo latinoamericano. El Tratado de Tlatelolco, a través
del OPANAL, Organismo creado por su Art. 7 para asegurar el cumplimiento de las obligaciones derivadas de él,
en cooperación con el Organismo Internacional de Energía Atómica establece un Sistema de Control,
sin duda el más perfecto existente en la materia, para vigilar en forma regional el cumplimiento de las
obligaciones que imponen a los Estados Partes.
El Tratado de Tlatelolco se gestó en los momentos en que predominaba el terror nuclear y el uso pacífico
de la energía atómica estaba en sus etapas iniciales. Posteriormente el ámbito de aplicación
perfeccionó sus técnicas, hoy se emplea el átomo para producir energía eléctrica,
para la desalinización del agua, se utiliza en mediciones, tanto en la industria, como en la biología,
en la zootecnia y, en general en campos de gran utilidad para el progreso humano. El interés del OPANAL
en el uso pacífico de la energía nuclear se deriva de su propia esencia, es una extensión
natural de sus actividades.
El nuevo campo de la energía ha hecho que los gobiernos descansen más en las opiniones técnicas
de las instituciones especializadas en la energía nuclear que en sus propios procedimientos para determinar
los programas a seguir de acuerdo con sus voluntades, compromisos políticos y sociales, ha ocasionado en
diferentes oportunidades sobre todo cuando se han tenido que discutir programas de alcance regional se vean éstos
obstaculizados por sus propias instituciones ya que aquéllos tienden a determinar los programas de acción
en base únicamente a las necesidades propias. En múltiples casos, los esfuerzos de carácter
regional, especialmente latinoamericanos, han propiciado discusiones estériles que han impedido la proyección
regional de programas de uso pacífico de la energía nuclear.
Es conveniente recorrer un poco el pasado para observar las dificultades que han tenido que ser superadas. Al momento
de la redacción del Tratado de Tlatelolco, en el mes de febrero de 1967, varias dudas asaltaban a sus negociadores.
Por un lado, establecer la definición exacta del arma nuclear, para que la prohibición de ella tuviera
un marco jurídico, por el otro, establecer el derecho de los pueblos latinoamericanos a obtener los beneficios
del uso pacífico de la energía nuclear y un tercero, y más problemático asunto, el
de tratar de definir las explosiones nucleares con fines pacíficos de las de fines militares. Permanentemente
se hizo referencia a la necesidad de no cerrar las puertas al progreso tecnológico y de no estrangular el
progreso de los países latinoamericanos. Se señaló que la filosofía que debía
inspirar al Tratado debía ser sólo la de prohibir esta energía para fines bélicos,
además la de erradicar las armas nucleares y la de promover la capacidad de los pueblos latinoamericanos
a su desarrollo tecnológico. En aquel entonces casi eran sinónimos el desarrollo pacífico
nuclear y el acceder a las explosiones nucleares pacíficas. Se solicitó al Grupo de Trabajo I constituído
por los Representantes de Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, México, Panamá, Uruguay
y Venezuela, al que se le unieron posteriormente Guatemala y Perú, que consiguiera un texto unánime
definitorio sobre el derecho al uso pacífico de la energía nuclear. Después de arduas negociaciones,
la primera parte fue lograda gracias a la representación del Perú que aportó una gran parte
de lo que es hoy el Art. 17. La Representación del Uruguay recordó, a su vez, que a propuesta de
su país se incorporaron en el Preámbulo, las siguientes expresiones: “Que hacen imprescindible que
la energía nuclear sea usada en la América Latina exclusivamente para fines pacíficos, dando
a los paises latinoamericanos el máximo y más equitativo acceso posible a la aplicación del
átomo para la paz, a fin de acelerar su desarrollo en todos sus aspectos”. Después de múltiples
negociaciones, fue hasta la penúltima reunión del 12 de febrero de 1967, previo a la apertura a firma
del Tratado, que se aprobaron todas las partes referentes a estos temas quedando consagrado en el Art. 17 el derecho
de los pueblos latinoamericanos al uso pacífico de la energía nuclear para su desarrollo económico
y progreso social y por otra parte reconociendo que no había en ese momento forma de distinguir un dispositivo
explosivo con fines pacíficos de otro con fines militares dejando a resguardo el derecho de llevar a cabo
explosiones nucleares con fines pacíficos siempre que no contravinieran las disposiciones del Tratado en
especial la de los Artículos 1 y 5.
El Tratado de Tlatelolco, en su Preámbulo, recuerda la Resolución 2028 (XX) de la Asamblea General
de las Naciones Unidas que establece el principio de un equilibrio aceptable de responsabilidades y obligaciones
mutuas para las potencias nucleares y las no nucleares; subraya la tradicional vocación pacífista
de la América Latina y el Caribe al determinar la necesidad ineludible de que la energía nuclear
sea usada en esta región, exclusivamente para fines pacíficos, y de que los países latinoamericanos
y del Caribe utilicen su derecho al máximo y más equitativo acceso posible a esta nueva forma de
energía para acelerar el desarrollo económico y social de sus pueblos, lo que concuerda con su Art.
1 que establece que las Partes Contratantes se comprometen a utilizar exclusivamente con fines pacíficos
el material y las instalaciones nucleares sometidos a su jurisdicción, determinando con ello un claro propósito.
El Tratado de Tlatelolco prevé que el OPANAL tendrá a su cargo la celebración de consultas
periódicas o extraordinarias entre los Estados Miembros en cuanto se relacionen con los propósitos
del mismo (Art. 7.2) y las Partes Contratantes convienen en prestar al Organismo amplia y pronta colaboración
de conformidad con las disposiciones del Tratado (Art.7.3).
La Conferencia General, puede considerar y resolver, dentro de sus límites, cualesquier asunto o cuestiones
comprendidos en el Tratado (Art.9.2.a) y debe promover y considerar estudios para la mejor realización de
los propósitos del Tratado, sin que ello obste para que el Secretario General, separadamente, efectúe
estudios semejantes (Art. 9.2.f).
El Consejo, aparte de velar por el buen funcionamiento del Sistema de Control, debe informar anualmente, a la Conferencia
General sobre sus actividades, y también puede presentar los informes especiales que considere convenientes
(Art. 10.6). La Secretaría, a su vez, tiene también entre sus deberes, el de velar por el buen funcionamiento
del Sistema de Control y presentar, tanto al Consejo como a la Conferencia General, los informes especiales que,
también a su vez, considere convenientes (Art. 11.4).
Para cumplir con la parte más importante del Sistema de Control, cada Parte Contratante debe negociar acuerdos
multilaterales o bilaterales con el Organismo Internacional de Energía Atómica para la aplicación
de las salvaguardias de éste a sus actividades nucleares. Esta importante relación entre estos dos
Organismos, más el acuerdo de cooperación suscrito entre el OPANAL y el OIEA, establecen una real
integración de propósitos en materia de uso pacífico de la energía nuclear.
Además, el Tratado de Tlatelolco exige a los Estados Partes (Art. 23 ahora 24 del texto enmendado) que notifiquen
a la Secretaría de todo acuerdo internacional que concierte cualesquiera de las Partes Contratantes sobre
las materias a que él mismo se refiere.
El Estatuto del Organismo Internacional de Energía Atómica establece, como uno de sus objetivos,
el acelerar y aumentar la contribución de la energía atómica para la paz (Art. II). Entre
sus funciones, se encuentran las de fomentar y facilitar en el mundo entero, la investigación, el desarrollo
y la aplicación práctica de la energía nuclear con fines pacíficos (Art. III A.1).
Su artículado prevé un régimen de salvaguardias que está dirigido a asegurar que el
equipo utilizado (Art. XII. A.1) y los materiales irradiados (Art. XII. A.5) no se distraigan a fines militares,
y es un importante instrumento en el sistema normativo internacional existente para impedir la proliferación
y el uso de las armas nucleares.
Otra de las instituciones internacionales que también está referida, no sólo a la no proliferación,
sino al uso pacífico de la energía nuclear, es el Tratado sobre la No Proliferación de Armas
Nucleares, al que están adheridos un gran número de Estados latinoamericanos. Unidas estas obligaciones
internacionales a las de los otros dos instrumentos arriba citados, se determinan las normas del uso pacífico
de la energía nuclear para América Latina y el Caribe.
El uso pacífico de la energía nuclear modificará en breve tiempo el sistema de producción
mundial de energía. El perfeccionamiento de sus métodos permitirá que la energía eléctrica
que se produzca en el mundo se originará, en su mayor parte, en fuentes nucleares, sin embargo, se dará
la dramática paradoja que, por su elevado costo, los países que más necesitarán de
ella serán aquéllos que menos posibilidades tendrán de utilizarla para sus necesidades. La
Era Nuclear puede ahondar las diferencias y hacer más grande la brecha que separa a los países industrializados
y ricos de los países pobres y en vías de desarrollo. La cuidadosa planificación y la complementación
de las economías de nuestros pueblos podrán defendernos en un mundo donde rige la competencia y no
es posible olvidar que la energía nuclear es un medio para el desarrollo integral. Es preciso buscar medios
para nivelar nuestras diferencias, hacer un inventario cuidadoso de las posibilidades de desarrollo latinoamericano
y caribeño en su conjunto y de la cooperación que pueden prestarse unos países a otros en
cuanto al progreso nuclear. El OPANAL es el organismo latinoamericano y caribeño que debe convertirse en
este valioso instrumento dentro del proceso de integración, sin interferir el desarrollo de cada Estado
Miembro y estudiando los problemas a escala regional en cooperación estrecha con el Organismo Internacional
de Energía Atómica.
El Quinto Período Ordinario de Sesiones de la Conferencia General, mediante su Resolución 94 (V)
pidió al Secretario General preparar un informe en el que se propusieran medidas concretas para iniciar
un programa de cooperación sobre la utilización pacífica de la energía nuclear autorizándolo
a solicitar los servicios de consultores y técnicos.
En aquel entonces, el OPANAL tenia sólo 20 Estados Miembros y todavía no contaba con la colaboración
de los 2 Estados de la región más adelantados en materia nuclear que son Argentina y Brasil, de ahí
que el intento fue muy limitado. Sin embargo, la experiencia obtenida mostró que en todo programa de cooperación
técnica es preciso considerar los cuatro aspectos siguientes:
a) Las fuentes de financiamiento y los recursos previsibles;
b) El carácter de los proyectos (nacionales, regionales, plurinacionales, etc.);
c) El procedimiento de programación (evaluación técnico -económica, selección
y establecimiento de prioridades);
d) La ejecución de los proyectos (por delegación a los interesados, por intermedio de un organismo
de ejecución, bilateralmente, etc.)
Aqui se presenta otra de la situaciones en donde se ha dado la paradoja de que los representantes de cada uno de
los Gobiernos Miembros del OPANAL han dispuesto con su voto que el OPANAL se encargue de algunos aspectos de la
utilización pacífica de la energía nuclear y que las instituciones de esos mismos países
han estado renuentes a cooperar. La Conferencia General del OPANAL, en cada uno de sus Períodos Ordinarios
y Extraordinarios de Sesiones, ha manifestado su interés en el tema y ha aprobado un gran número
de Resoluciones sobre el particular que ha continuación resumo:
2 (I) Manifestó que el OPANAL se abocara cuanto antes al estudio de las medidas que con mayor eficacia
pudieran contribuir a la realización de esos propósitos (actividades de investigación, obtención
de asistencia técnica y difusión de información científica y tecnológica) con
la colaboración de los Estados Miembros.
22 (I) Autorizó a continuar el intercambio de puntos de vista con el PNUD y el OIEA, con el objeto
de estudiar la posibilidad de establecer acuerdos de cooperación entre esos Organismos y el OPANAL.
23 (I) Decidió crear un fondo especial, financiado mediante contribuciones voluntarias, para promover
la utilización de la energía nuclear con fines pacíficos.
24 (I) Autorizó al Secretario General a organizar reuniones internacionales “preferentemente sobre
exploración y tratamiento de minerales radiactivos o sobre las aplicaciones de la tecnología nuclear
a la medicina”.
3 (I-E) Tomó nota con satisfacción del Acuerdo de Cooperación suscrito el 3 de octubre
de 1972 entre el OIEA y OPANAL .
66 (III) Autorizó al Secretario General a llevar a cabo un programa de becas aceptando ofrecimientos
de las mismas u otras prestaciones para la preparación de especialistas latinoamericanos en cuestiones referentes
o vinculadas al uso pacífico de la energía nuclear.
En el capítulo de otras decisiones (IV) Pidió el Secretario General continuar esforzándose
con el auxilio del Grupo de Trabajo que se había venido ocupando de esta materia, para desarrollar actividades
encaminadas a promover el uso pacífico de la energía nuclear dentro de los lineamientos que la Conferencia
General había señalado en las Resoluciones arriba aludidas.
5 (II-E) Aprobó la Declaración de los Estados Partes en el Tratado de proseguir sin pausa
sus esfuerzos para lograr que todos los países latinoamericanos llegasen a ser Partes en el Tratado, que
todos los Estados no latinoamericanos que tienen de jure o de facto bajo su responsabilidad internacional, territorios
comprendidos en la Zona geográfica establecidos por el Tratado, que firmasen y ratificasen los Protocolos
Adicionales I y II; declaró igualmente su convicción estricta de que el Sistema de Control establecido
en el Tratado en coordinación con el OIEA asegura la efectividad del desarme nuclear en la América
Latina; resolvió impulsar el uso pacífico de la energía nuclear en la América Latina,
coordinando los esfuerzos al respecto de los países Miembros, encarando la planeación regional del
uso pacífico de la energía nuclear y manifestó su voluntad de que el OPANAL fuera el instrumento
encargado de esta acción, uniendo asi a las competencias que ya posee en materia de desarme, las funciones
y atribuciones que requiere para transformarse en el Organismo Internacional que, a nivel regional, planificase,
sistematice, ordene y coordine los esfuerzos latinoamericanos para la plena y eficaz utilización pacífica
de esta forma de energía.
94 (V) Reafirmó la importancia de convertir al OPANAL en el instrumento regional que planifique y
coordine los esfuerzos latinoamericanos para la plena y eficaz utilización pacífica de la energía
nuclear y resolvió pedir al Secretario General que, en consulta con otros Organismos Internacionales, presentara
un informe proponiendo medidas concretas para iniciar un programa de cooperación.
127 (VI) Reiteró a los Gobiernos la necesidad de información para elaborar un inventario de
necesidades en materia del uso pacífico de la energía nuclear.
146 (VII) Tomó conocimiento de la conclusión del Acuerdo de Cooperación entre el OPANAL
y la Organización Latinoamericana de Energía (OLADE) e insistió en que los Estados Miembros
dieran respuesta a la solicitud de información requerida para preparar el inventario de necesidades. Además,
pidió al Secretario General que asistiera a la Conferencia de las Naciones Unidas para el Fomento de la
Cooperación Internacional de la Utilización de la Energía Nuclear con Fines Pacíficos.
193 (IX) Tomó conocimiento del inicio de las actividades, del Programa del OIEA denominado “Arreglos
Regionales Cooperativos para la Promoción de la Ciencia y Tecnología Nucleares en la América
Latina (ARCAL)”; observó con satisfacción las conclusiones a que llegaron los Representantes de 14
países latinoamericanos sobre dicho Programa y manifestó su agrado por el inicio del mismo, expresando
su esperanza de que todos los países de América Latina pudieran participar en él, encargando
al Secretario General que iniciara consultas con el Director General del OIEA, así como con los países
participantes en el Programa ARCAL, con el objeto de que el OPANAL contribuyera a definir un programa amplio de
cooperación regional en esta materia, de acuerdo con la voluntad soberana de los Estados latinoamericanos.
220 (X) Lamentó que la Conferencia de las Naciones Unidas para la Promoción de la Cooperación
Internacional de la Utilización de la Energía Nuclear con Fines Pacíficos, no alcanzara los
objetivos que se había fijado; manifestó su complacencia por el desarrollo del Programa ARCAL reiterando
su esperanza de que todos los países de la América Latina participasen en él y ordenó
al Secretario General continuar sus consultas con el Director General del OIEA con el objeto de que el OPANAL contribuyera
al desarrollo y progreso de dicho Programa.
249 (XI) Pidió al Secretario General recabar las opiniones de los Estados Miembros sobre la elaboración
y posterior desarrollo de programas de cooperacion tecnológica para la utilización de la energía
nuclear con fines pacíficos, instando a los Organismos Internacionales competentes en la materia a que prestasen
su colaboración para poder concretar y formular con él la mejor definición, desarrollo de
programas de cooperación técnica; solicitó al Secretario General realizar las gestiones necesarias
ante el OIEA para lograr que el OPANAL participase como Observador en las Reuniones de Coordinación del
Programa ARCAL, autorizándolo también a consultar a los Estados latinoamericanos más avanzados
en materia de energía nuclear, sobre las posibilidades de instrumentar proyectos de cooperación en
la materia.
280 (XII) Solicitó al OIEA apoyar las gestiones para la participación del OPANAL como Observador
en las Reuniones de Coordinación del programa ARCAL, solicitó, igualmente, a los Estados Miembros,
transmitir a sus Organismos Nacionales encargados de la promoción del uso pacífico de la energía
nuclear dicha Resolución, a efecto de que coadyuvaran a la participación del OPANAL como Observador
en las reuniones antes aludidas.
298 (XIII) Instó a los Gobiernos de los Estados Partes que, a su vez, fueran Miembros del Programa
ARCAL, a instruir a sus entidades públicas que actúan por encargo o en representación de sus
respectivos Gobiernos, que apoyasen la solicitud de la Conferencia General de que le fuera conferida, al OPANAL,
la calidad de Observador en las Reuniones de Planificación del Programa ARCAL; autorizó al Secretario
General a celebrar un Acuerdo de Cooperación entre la Agencia Brasileño-Argentina de Contabilidad
y Control (ABACC) y el OPANAL: Pidió al Consejo del OPANAL que presentase al Décimo Cuarto Período
Ordinario de Sesiones de la Conferencia General una evaluación, incluídos sus costos, de los cambios
estructurales de la Secretaría del OPANAL, como consecuencia de la plena vigencia del Tratado; instruyó
al Secretario General para que, teniendo en consideración la programación de ARCAL, estableciera
vínculos con instituciones o universidades con los países desarrollados en la materia, con el fin
de lograr su colaboración para la capacitación y desarrollo de científicos latinoamericanos
y del Caribe; recomendó al Secretario General que, en colaboración con el Consejo, se mantuviera
informado de las actividades del OIEA en materia de seguridad nuclear, incluyendo la posibilidad de que, al surgir
un convenio sobre esta materia y con la aceptación de los Estados Partes del Tratado, tuviera la personalidad
jurídica para suscribirlo; y recordó finalmente, que el establecimiento de una Zona libre de armas
nucleares no sólo está íntimamente vinculada al mantenimiento de la paz y seguridad, sino
que representa un paso inicial en la lucha por el bienestar y progreso de los pueblos de la región en la
igualdad de derechos, la equidad económica y la justicia social para todos.
Queda claro, que desde el inicio de las actividades del Organismo hasta la fecha, la Conferencia General, que representa
la voluntad de los Gobiernos de los Estados Partes, ha mostrado un interés manifiesto por que el OPANAL
sea el Organismo que, como se expresa claramente en las Resoluciones 5 (II-E) y 94 (V), sea el instrumento regional
que planifique, sistematice, ordene y coordine los esfuerzos latinoamericanos para la plena y eficaz utilización
pacífica de la energía nuclear, sin embargo hubo gran reticencia a cooprerar, lo que se mostró
más claramente en lo que se refiere al programa ARCAL. Se solicitó en varias ocaciones que se le
permitiera asistir como Observador a las Reuniones de Planificación y Coordinación de dicho Programa.
Fue apenas hasta el 20 de septiembre de 1994, bajo la presidencia de Colombia que se aceptó tal petición.
Los orígenes de este Programa datan de 1984 cuando, a iniciativa de los países del Grupo Andino y
bajo los auspicios del OIEA, se unieron esfuerzos para desarrollar proyectos conjuntos, cuyo objetivo era alcanzar
la autosuficiencia en varias aplicaciones de la ciencia y la tecnología nucleares, con miras a contribuir
al desarrollo social y económico de los países participantes. La contribución a este programa,
primero fue de los Estados Miembros del Grupo Andino y posteriormente se abrió a todos los Estados latinoamericanos
Miembros del OIEA. Su estatuto lo conforman “directrices” preparadas por el OIEA y complementadas por “líneas
de acción”. Un Estado Miembro pasa a formar parte de ARCAL y puede formar parte en los proyectos o en las
actividades que sean de su interés. Sus Miembros definen los objetivos, las actividades, la duración
y alcance de las mismas, así como las prioridades de los distintos proyectos. El OIEA desempeña un
papel de consultor y órgano de ejecución de los proyectos que actúan conjuntamente con las
demás secciones de la División de Asistencia y de Cooperación Técnica del Organismo
y con los coordinadores de cada proyecto de los países participantes.
Las Reuniones de Planificación y Coordinación se llevan a cabo una vez al año, siguiendo un
turno pre-establecido. A estas reuniones asisten los coordinadores nacionales y funcionarios de la Secretaría
del OIEA. Existen reuniones anuales de Representantes de los Estados Miembros de ARCAL donde se analizan y aprueban
las actividades y proyectos .
En su primera fase, los proyectos resultaron ser un complemento del Programa Ordinario de Cooperación Técnica
del OIEA, en el que se desarrollaron formas de cooperación mutua y se capacitó a un buen número
de personas. Se logró un mayor conocimiento por parte de los Representantes latinoamericanos en el Programa.
Actualmente lleva a cabo programas de mediano plazo en los que, desde luego, el OPANAL, no pretende interferir,
varios de ellos ya en marcha, pero la Conferencia General del OPANAL considera de mutuo beneficio que el papel
de Observador en los trabajos de ARCAL enriquecerá las relaciones de la comunidad científica latinoamericana
en el OIEA y de éste con los Gobiernos de los países Miembros del Programa.
En la determinación de estos programas no sólo existe el aspecto científico de los mismos,
hechos hasta ahora por parte de los Representantes, ni las consideraciones técnicas hechas por parte del
OIEA, sino que también elementos de planificación y de responsabilidad gubernamentales que pueden
y deben ser analizados tanto política como socialmente por una institución que, como se ha probado,
puede trabajar en forma conjunta con el OIEA y con los Gobiernos de la región para el mejor beneficio de
ésta. El OPANAL desea que el uso pacífico de la energía nuclear se armonice y enriquezca con
la actividad de los científicos de la región, de los técnicos del OIEA y de los Gobiernos
involucrados, sin obstruir ni duplicar los planes de desarrollo ya en marcha en materia nuclear; sin embargo, es
obvio que el uso pacífico de la energía nuclear comprende situaciones que caen bajo su jurisdicción.
La compleja naturaleza de los sistemas energéticos y sus múltiples interacciones hace que algunos
participantes puedan conceder importancia a determinados aspectos, descuidando otros que posiblemente merezcan
también atención.
Los esfuerzos internacionales en la materia también se reflejaron en la Asamblea General de la Naciones
Unidas. El 28 de diciembre de 1977, mediante la Resolución A/RES/32/50, el Trigésimo Segundo Período
de Sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, tuvo presente la importancia de la energía nuclear
para el desarrollo económico y especialmente, su importante función en la aceleración del
adelanto de los países en desarrollo y convencida de que la transmisión de tecnología para
la utilización de la energía nuclear con fines pacíficos para el desarrollo pudierá
contribuir en gran medida al progreso en general, recordó la obligación asumida por un cierto número
de Estados, en virtud de acuerdos y contratos internacionales, de facilitar el intercambio más completo
posible de equipo, materiales e información científica y tecnológica para su utilización
y estableció principios universalmente aceptables para la cooperación internacional en este campo,
declarando cuatro principios de carácter general como base de las negociaciones que se enuncian a continuación:
a) La utilización de la energía nuclear con fines pacíficos tiene gran importancia para el
desarrollo económico y social de muchos países;
b) Todos los Estados tienen derecho, de conformidad con el principio de la igualdad soberana, a desarrollar su
programa para la utilización de la energía nuclear con fines pacíficos para el desarrollo
económico y social, de conformidad con sus prioridades, intereses y necesidades;
c) Todos los Estados, sin discriminación, deben tener acceso a la tecnología, el equipo y los materiales
necesarios para la utilización de la energía nuclear con fines pacíficos, y deben tener libertad
para adquirirlos sin trabas;
d) La cooperación internacional en esta esfera debe realizarse de conformidad con salvaguardias internacionales
convenidas y apropiadas, aplicadas por conducto del OIEA sobre una base no discriminatoria, a fin de evitar eficazmente
la proliferación de las armas nucleares.
Mediante la Resolución 34/63 del Trigésimo Cuarto Período de Sesiones, la Asamblea General
de las Naciones Unidas convocó a una Conferencia Internacional para el Fomento de la Cooperación
Internacional en la Utilización de la Energía Nuclear con Fines Pacíficos, bajo los auspicios
del Sistema de las Naciones Unidas y con el OIEA en el papel que le corresponde para celebrarse en principio en
1983, convocatoria que reafirmó con su Resolución 35/112 del Trigésimo Quinto Período
de Sesiones.
Ante esta inigualable oportunidad la paradoja antes mencionada volvió a presentarse. La Asamblea General
de las Naciones Unidas al examinar el informe del Comité Preparatorio de la Conferencia decidió que
ésta se celebrase en Ginebra del 29 de agosto al 9 de septiembre de 1983, y reconoció la posible
necesidad de prorrogar la duración del Segundo Período de Sesiones del Comité Preparatorio
y también de celebrar un nuevo Período de Sesiones en 1982, instó a todos los Estados a que
contribuyesen a que los preparativos de la Conferencia culminasen con éxito, entre otras cosas suministrando,
de conformidad con obligaciones internacionales, información sobre sus logros científicos y tecnológicos
y sus experiencias prácticas en la esfera de la utilización de la energía nuclear con fines
pacíficos, invitó, además, a los organismos especializados y otras organizaciones pertinentes
del Sistema de las Naciones Unidas a contribuir eficazmente a los preparativos para la Conferencia .
La Asamblea General de las Naciones Unidas en su Trigésimo Séptimo Período de Sesiones, mediante
su Resolución 37/167 expresó su preocupación por la falta de progreso en los trabajos del
Comité Preparatorio y reconoció la necesidad apremiante de acelerar y completar los preparativos
sustantivos de la Conferencia, su programa provisional, su documentación y su Reglamento y decidió
que el Comité Preparatorio se reuniera dos veces en 1983 a fin de acelerar dichos preparativos sustantivos
y que se facilitasen los recursos necesarios, incluso la dotación adecuada de personal de la Secretaría
y la disponibilidad de apoyo especializado en las esferas sustantivas para asegurar que los preparativos de la
Conferencia culminasen con éxito..
Toda esta buena voluntad no fue suficiente y la Asamblea General de las Naciones Unidas en su Trigésimo
Octavo Período de Sesiones, mediante la Resolución 38/60 decidió que la Conferencia de las
Naciones Unidas para el Fomento de la Cooperación Internacional en la Utilización de la Energía
Nuclear con Fines Pacíficos se celebrase en 1986, que el Comité Preparatorio celebrase su Quinto
Período de Sesiones en Viena, en junio de 1984, e instó tanto al OIEA como a los organismos especializados
y otras organizaciones pertinentes del Sistema de las Naciones Unidas, a que continuaran contribuyendo eficazmente
a los preparativos para dicha Conferencia.
La Resolución 39/74 del Trigésimo Noveno Período de Sesiones de la Asamblea General de las
Naciones Unidas pidió al Presidente del Comité Preparatorio y al Secretario General de la Conferencia
que, sobre la base de la práctica establecida con éxito antes del Quinto Período de Sesiones
del Comité, continuaran celebrando las consultas oficiosas con particulares y grupos que fueran necesarios,
con miras a prestar asistencia al Comité para llevar a cabo los preparativos de procedimiento y sustantivos
necesarios para la Conferencia y decidió que el Comité celebrase su Sexto Período de Sesiones
en Viena, del 21 de octubre al 1o. de noviembre de 1985 y que la Conferencia se celebrase en Ginebra del 10 al
28 de noviembre de 1986.
La Resolución 40/95 del Cuadragésimo Período de Sesiones de las Naciones Unidas aprobó
un Séptimo Período de Sesiones del Comité Preparatorio a celebrarse del 10 al 21 de noviembre
de 1986 en Viena y modificó las fechas de la Conferencia para celebrarse del 23 de marzo al 10 de abril
de 1987 en Ginebra. Las dificultades para realizarla fueron enormes debido a la falta de acuerdo sobre su temario
y desarrllo del mismo. La Conferencia concluyó con poco éxito.
Sin embargo, entre las muchas propuestas de posibles recomendaciones sobre medios apropiados para promover la cooperación
internacional en la utilización de la energía nuclear con fines pacíficos de esa Conferencia,
deseo destacar las siguientes:
a) La evaluación general de la situación energética y económica imperante en un país,
asi como el análisis detallado de sus futuras necesidades energéticas y la formulación de
un plan energético para satisfacerlas y, para ello, se deben impulsar y respaldar los programas del OIEA
destinados a desarrollar sistemas de planificación de la energía e impartir capacitación en
la aplicación de esos sistemas .
b) El desarrollo de capacidades autóctonas para la evaluación, planificación, diseño,
construcción, instalación, explotación, seguridad y mantenimiento de centrales nucleo-eléctricas
incluído el aprovechamiento de recursos naturales pertinentes.
c) El alentar y apoyar la cooperación internacional para la promoción y coordinación de las
actividades nucleares en lo relativo a sus aplicaciones en las ciencias biológicas, la medicina, la agricultura,
la alimentación, industria y protección del medio ambiente.
d) De el encontrar soluciones a los problemas relacionados con el almacenamiento a largo plazo y la evacuación
definitiva de los desechos radiactivos.
e) De el procurar la colaboración del PNUD, la ONUDI, la FAO, la OMS y el OIEA y las instituciones financieras
pertinentes para movilizar recursos financieros y técnicos para apoyar los programas nacionales necesarios
sobre esta materia, y
f) Estudiar la contribución que para el logro de los objetivos anteriores puedan hacer con sus esfuerzos
conjuntos los países de una región.
El Informe de la Reunión de Expertos de la región de América Latina y el Caribe (A/CONF.108/REX/2)
presentado a la Conferencia de las Naciones Unidas para el Fomento de la Cooperación Internacional en la
Utilización de la Energía Nuclear con Fines Pacíficos celebrada en 1986 en Ginebra destaca
que las esferas consideradas generalmente como prioritarias que, mediante acciones coordinadas a nivel regional,
deberían recibir especial atención a corto y medio plazo, son:
a) Capacitación de recursos humanos
b) Suministro de radionucleidos, radiofárma- cos y reactivos por los centros de producción de la
región.
c) Construcción de equipo básico de detección para fomentar la difusión de la medicina
nuclear;
d) Establecimiento de programas encaminados concretamente a la obtención de equipo e instrumentos, procedimientos
de control de calidad y consecución de una mayor eficacia en los servicios; y
e) Promoción de programas coordinados de investigación sobre enfermedades parasitarias de alta incidencia
en la región.
Se informó también que, gracias a las técnidas nucleares, varios países de la región
habían conseguido progresos en agricultura mediante la ejecución de proyectos encaminados a asegurar
la utilización óptima de fertilizantes, de mutaciones inducidas para el mejoramiento de las semillas
y de sistemas asociados de recolección en las regiones de pluviosidad limitada y de enfermedades crónicas
de los vegetales. Se mencionaron también otras aplicaciones en el diagnóstico de la preñez
del ganado, elaboración de vacunas, erradicación de plagas, etc. Que la Organización de las
Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el OIEA, la CIEN y otras Organizaciones han
prestado juntas considerable asistencia a los países de la región y que a partir de 1985, la asistencia
se obtendrá en particular por conducto de alguno de los proyectos indicados por ARCAL.
En lo que se refiere a la hidrología manifestó que la ordenación y empleo racional de los
recursos hídricos en todos los países de la América Latina y el Caribe es fundamental desde
el punto de vista agricola, industrial y urbano y que entre las actividades en esta esfera figura la utilización
de técnicas nucleares para ayudar a resolver este tipo de problemas. Indicó igualmente que el OIEA
ha desempeñado un papel importante en estas actividades mediante el suministro de equipo y servicios de
expertos y la capacitación de personal.
Finalmente expresó que el empleo de los isótopos y las radiaciones en la industria había alcanzado
un nivel relativamente alto en la región ya que casi todos los países utilizaban técnicas
nucleares y que los expertos habían contribuído a la difusión máxima de las técnicas
de aplicación industrial, que la utilización de la energía nuclear con fines pacíficos
distinta de la producción de energía podía decirse que en América Latina y el Caribe
era en ciertos casos inexistente o raquítica y en otros se encuentraba en una etapa avanzada, que la situación
en general ofrece muy buenas perspectivas para la cooperación técnica regional e internacional coordinada
por el OIEA y las organizaciones regionales, puesto que existía la posibilidad de ejecutar nuevos programas
y ampliar los existentes al amparo de mecanismos apropiados.
En conclusión, existe un amplio campo de actividades dentro del uso pacífico de la energía
nuclear con fines pacíficos que permite avizorar mejores condiciones de vida para la región si se
concretan los planes de trabajo y programas de acción con la debida eficacia y coordinación para
que se beneficien todos los Estados de la región y no simplemente aquéllos que son Miembros del OIEA.
El OPANAL puede celebrar acuerdos de cooperación como ya lo ha hecho con el OIEA, la OLADE, con la CPPS,
y con la ABACC y además podría celebrar otros acuerdos de carácter financiero y técnico
con la ONUDI, la OMS, el PNUD, etc. No existirá duplicación de esfuerzos y habrá un mejor
entendimiento con la comunidad científica de la región.
* Nota Biográfica
Actualmente es Director Administrativo del Organismo para la Proscripción de las Armas Nucleares en la América
Latina y el Caribe.
Fue Director Administrativo en las Administraciones de los Secretarios Generales: Dr. Antonio Estempel Paris, Embajador
José Ricardo Martínez Cobos, Dr. Héctor Gros Espiell y Dr. Leopoldo Benites Binieza.
Colaboró en la Administración del Secretario General Iterino Embajador Carlos Peón del Valle.
Representante del OPANAL en el Seminario sobre Medidas de Confianza Mutua y Política Exterior en América
Latina en 1987.
Asistente de Coordinador en la Tercera Reunión de la Comisión Preparatoria para la Desnuclearización
de la América Latina.
Sub-Jefe de Documentos en la Reunión Preliminar para la Constitución del Organismo para la Desnuclearización
de la América Latina.
Como miembro del Servicio Exterior Mexicano fue Asesor a las: XIII, XIV, XV, XVI, XVII, XVIII, XIX, XX, XXI, XXIII,
XXIV y XXV Asambleas Generales de las Naciones Unidas.
Asesor de la Delegación de México al Comite Especial de Operaciones para el Mantenimiento de la Paz
de las Naciones Unidas.
Asesor de la Delegación de México al Comite Encargado de Estudiar los Asuntos Administrativos y Presupuestales
de las Naciones Unidas.