Consolidación del Tratado de Tlatelolco - Un ejemplo
a seguir
Emb. Enrique Román-Morey *
Durante el presente año de 1995 la Agenda Internacional para el desarme, la paz y el desarrollo, tendrá
sin duda su punto más trascendental antes de alcanzar el próximo milenio. Basta con mencionar dos
hechos opuestos en su forma y en su espíritu que cambiaron definitivamente la vida de la humanidad en su
conjunto. En efecto durante el presente año, por un lado, celebraremos el Quinquagésimo Aniversario
de la creación de la Organización de las Naciones Unidas, máximo Organismo mundial destinado
a la paz y el desarrollo de los pueblos, y por otro lado, conmemoraremos un desafortunado hecho para la humanidad
que nos obliga a seguir realizando los mayores esfuerzos posibles para que no vuelvan a repetirse. Me refiero a
las horrorosas explosiones bélicas nucleares en Hiroshima y Nagasaki.
Estas cinco décadas de era nuclear se vieron enmarcadas en un proceso de desarrollo para la humanidad lleno
de vicisitudes, temores y peligros de un lado, así como de profundos cambios positivos en el campo de la
ciencia y la tecnología, por el otro.
Quince años después de los holocaustos de la Segunda Guerra Mundial, el sistema político mundial,
que entonces demandaba una desenfrenada carrera armamentista y que se insertaba en una profunda lucha de ideologías,
alcanzaba el más álgido momento de crisis que a sufrido el mundo moderno. La "crisis de los
misiles de 1962" impulsó a América Latina hacia dos opciones claramente definidas. En primer
lugar se hizo consciencia del rechazo regional a ser parte de conflictos bélicos ajenos a sus territorios
y a su espíritu, a la vez que afirmaron la necesidad de no permanecer fuera del conocimiento y del uso de
la tecnología nuclear con fines pacíficos, en beneficio del progreso económico de sus pueblos.
En este gran marco bipolar de referencia y en medio de la Guerra Fría, así como la inhumana experiencia
que provocó el horror de la utilización de la energía nuclear con fines bélicos, América
Latina y el Caribe emergen frente a la Comunidad Internacional y dan un ejemplo único y especial para la
sociedad internacional. Un grupo de países de la región y de eminentes pensadores político-diplomáticos
latinoamericanos diseñaron entonces un instrumento jurídico novedoso para su tiempo pero de espíritu
permanente que trataba de hacer ver a las potencias en conflicto que al lado de los intereses nacionales cohabitan
los intereses de otras regiones pobladas y de la comunidad internacional en su conjunto.
América Latina y el Caribe, plenamente conscientes de que la única posibilidad de que se presente
un escenario catastrófico para su región proviene de un conflicto mundial, en el cual se vería
involucrada sin tener acceso a la decisión de intervenir en una guerra, da luz para ella y para la humanidad
un instrumento jurídico internacional válido en sus orígenes y vigente hasta la fecha que
no hace sino reconocer a viva voz que a partir de 1945 se estableció una jerarquía importante que
debe ser piedra angular para la supervivencia de la humanidad. Esta jerarquía es la innegable supremacía
de lo nuclear sobre lo convencional. América Latina y el Caribe, mediante el Tratado de Tlatelolco, el cual
debe ser considerado como un claro triunfo internacional para la región, pone de manifiesto una vez más
su espíritu humanista al pensar introspectivamente en sí misma y desde sí hacia el mundo.
Reconocemos, sin embargo, de que no inventamos la rueda sino que nació como una consecuencia y un ordenamiento
lógico y político.
El 14 de febrero de 1967, hace casi 28 años, 18 países de la región suscribieron el Tratado
para la Proscripción de las Armas Nucleares en la América Latina y el Caribe conocido como el "Tratado
de Tlatelolco", como un mecanismo de paz y desarrollo así como de libre convivencia de los pueblos,
que hoy es un ejemplo a seguir por la comunidad en su conjunto. Los redactores del Tratado de Tlatelolco plasmaron
un instrumento novedoso y rico en conceptos. Algunos de los elementos que hacen de Tlatelolco un Tratado único
son:
Dentro de su necesario proceso de modernización mediante su adecuación a la coyuntura internacional
actual, el Tratado de Tlatelolco emprendió una serie de reformas que permitieron que terceros países
de la región que aún no lo eran, se conviertan en Miembros plenos del Sistema de Tlatelolco. Estas
Enmiendas, que son ampliamente conocidas por los participantes de este foro, hicieron posible que durante 1994
se produjeran los ingresos de Argentina y Chile el 18 de enero, del Brasil el 30 de mayo y de Belice el 9 de noviembre
pasado. Con estos nuevos ingresos, a la fecha, son 29 Estados de nuestra región que integran el sistema
de proscripción de las armas nucleares en América Latina y el Caribe.
Al mismo tiempo, se viene llevando a cabo un acelerado proceso de ratificación de dichas Enmiendas para
el ingreso de los otros cuatro países aún no Miembros del OPANAL.
Así las cosas, estimamos que la primera y gran tarea de nuestro Organismo regional que es la consolidación
de la Zona desnuclearizada está pronta a cumplirse plenamente. El segundo gran compromiso que el OPANAL
tiene la obligación de hacer cumplir es el que los países de nuestra región accedan a la tecnología
nuclear de punta destinada a la utilización con fines exclusivamente pacíficos de la energía
nuclear, estableciendo programas de cooperación para ello y tratando de evitar el mayor ensanchamiento de
la brecha entre países desarrollados en nuestra región, en este importante campo. El OPANAL, durante
sus casi tres décadas de vigencia ha mantenido siempre presente esta tarea. En su oportunidad, se congratuló
de que el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) estableciera el Programa de Arreglos
Cooperativos para la Promoción de la Ciencia y Tecnología Nucleares, conocido como Programa ARCAL.
En este sentido, es importante resaltar que desde septiembre de 1994 el OPANAL fue reconocido como Observador de
dicho Programa. Durante los años de vida del OPANAL y aún antes de la adopción del Tratado
de Tlatelolco nuestra región ha contado con la invalorable asistencia del OIEA. Hoy, a nivel regional, también
nos beneficiamos del importante apoyo que nos puede brindar la ABACC. Esperamos seguir contando con dichos apoyos
para alcanzar la complementación de esta tarea, dentro del expreso mandato del Artículo 1 del Tratado
de Tlatelolco de utilizar exclusivamente con fines pacíficos el material y las instalaciones nucleares sometidos
a la jusrisdicción de los Estados Partes del Sistema.
El Tratado de Tlatelolco y el OPANAL seguirán manteniendo el ideal de que la energía nuclear no debe
ser privilegio de unos cuantos Estados. Por ello consideramos que deben establecerse cada vez mayores puentes de
cooperación entre los países con alto desarrollo en la investigación y aplicación de
la ciencia nuclear tanto de la región como de las potencias nucleares vinculadas al Tratado de Tlatelolco
mediante los Protocolos Adicionales I y II, con los demás países menos desarrollados en este campo.
América Latina y el Caribe, en tanto precursores de la proscripción de las armas nucleares en la
primera zona densamente poblada del planeta, tiene la convicción de que su ejemplo único será
seguido por otras regiones pobladas de nuestro planeta a fin de alcanzar los ideales de desarme general y completo,
paz y desarrollo que la humanidad se merece. Dentro de este marco la No Proliferación nuclear y la utilización
pacífica de esta poderosa forma de energía tienen un lugar preponderante. Las potencias nucleares
por lo tanto deben estar preparadas para articular una visión a largo plazo de la seguridad mundial en la
que sus compromisos de no proliferación y de paz, intimamente ligados al desarrollo social y económico
de sus pueblos, debe guiar su acción dentro de un necesario equilibrio entre los Estados poseedores de armas
de armas nucleares y aquellos que no las tienen. Felizmente para la humanidad soplan sobre la faz de la tierra
nuevos vientos de paz, desarrollo, democracia y convivencia fraterna entre los pueblos. Los esfuerzos que la comunidad
mundial realice para que el abominable cuadro de la destrucción ocasionada por la utilización bélica
de la energía nuclear jamás vuelva a presentarse, nunca serán suficientes. Para ello resulta
imprescindible que se presente los elementos necesarios para su logro, los que desde el punto de vista del OPANAL
y tomando en consideración que esos elementos son la esencia y el motivo de la existencia y vigencia del
Tratado de Tlatelolco, deben ser:
En la región de Latinoamérica y del Caribe puede decir a viva voz y con la frente en alto que
ha cumplido con su palabra de conservar la región militarmente desnuclearizada como una contribución
ejemplar de medidas de confianza para preservar la paz y propender al desarrollo sostenido de sus poblaciones.
Como dije al iniciar esta intervención nos encontramos a escasos meses de conmemorar los únicos holocaustos
nucleares para la humanidad. El mayor obsequio que la comunidad mundial puede darse a sí misma en esta ocasión
es la total y definitiva proscripción del arma nuclear de la faz de la tierra y la decisión de utilizar
la mayor forma de energía conocida en el planeta para fines exclusivamente pacíficos. Podríamos
resumir estas palabras en una sóla frase: "desnuclearicemos la guerra para nuclearizar la paz".
* Nota Biográfica
El Embajador Enrique Román-Morey actualmente desempeña el cargo de Secretario General del OPANAL,
para el período del 1 de enero 1994 al 31 de diciembre de 1997 por elección de los Estados Partes
del Tratado de Tlatelolco.
Antes de asumir su cargo actual fue representante del Perú ante el OPANAL, miembro del Consejo de dicho
Organismo fungiendo como Presidente en tres oportunidades, también fue miembro de la Comisión de
Buenos Oficios, órgano del OPANAL.
Ha sido representante del Perú y Presidente de Delagaciones de su país en diversas reuniones y conferencias
internacionales.
En la Cancillería de su país ha desempeñado, entre otros, los cargos de Jefe del Departamento
de América del Norte, Centro América, y Caribe; Subdirector y Director de Africa y Medio Oriente;
Director del Gabinete del Secretario General y Viceministro de Relaciones Exteriores; Asesor para Asuntos Multilaterales
del Ministro de Relaciones Exteriores del Perú.
En su actividad profesional ha desempeñado los siguientes cargos en el extranjero: Embajador, Secretario
General del OPANAL; Ministro Consejero de la Embajada del Perú en México; Consejero de la Embajada
del Perú en Egipto; Consul General del Perú en Bolivia; Primer Secretario de la Embajada del Perú
en Yugoslavia; Segundo Secretario de la Embajada del Perú en Italia; Segundo Secretario de la Embajada del
Perú en Canada; y Tercer Secretario de la Embajada del Perú en Suiza.