Reflexiones sobre el Régimen de No Proliferación
Emb. Pablo Cabrera *
Este año se celebran los 50 años de muchos acontecimientos que tuvieron un impacto significativo
y produjeron una concatenación de hechos políticos, sociales, económicos y de todo tipo. Se
recuerda el holocausto nuclear de Hiroshima y Nagasaki, hecho muy propio y adecuado para analizar las implicancias
y el peligro del armamento nuclear y su uso. El nacimiento de Naciones Unidas, por su parte, marca un hito en las
relaciones entre los Estados y le da una dinámica diferente al diálogo internacional. Recordamos
también los 50 años de la Conferencia de Yalta que dividió al mundo en zonas de influencia
entre las dos grandes potencias, llegando a producir un desarrollo del armamento nuclear, arribándose a
lo que se ha denominado “el equilibrio del terror”.
Las reflexiones de ahora se refieren a cómo abordar por parte de la comunidad internacional el tema de la
no proliferación de armas de destrucción masiva y el desarme en general.
Un día 12 de enero, hace exactamente un año atrás, el Presidente Bill Clinton viaja a Moscú
y acuerda con el Presidente Yeltsin dejar de enfocar sus misiles con ojivas nucleares contra sus respectivos países.
Ciertamente, ello fue un decidido progreso en el campo de la distensión nuclear, pero aún insuficiente
en el largo camino para suprimir dichas armas de la faz de la tierra.
El hacer frente y combatir la proliferación de armas nucleares constituye hoy en día una de las tareas
mas apremiantes que enfrenta la comunidad diplomática internacional, cuyo éxito necesariamente está
asociado con las valiosas contribuciones de la comunidad científico - técnica y el mundo académico.
De alli que felicito muy sinceramente al Organismo para la Proscripción de las Armas Nucleares en la América
Latina y el Caribe (OPANAL) y a la Agencia para el Control de Armamentos de los Estados Unidos de América
(ACDA) por organizar este Seminario sobre No Proliferación, con participación de representantes provenientes
de todos los países de América y del Caribe.
La idoneidad de los participantes junto a la provocativa Agenda que tratamos significará promover una rica
discusión acerca del tema de la no proliferación de armas de destrucción masiva y los instrumentos
internacionales que se refieren a ello. Destaco la oportunidad del Seminario que también resulta muy adecuada
para que representantes latinoamericanos y del Caribe se manifiesten respecto de estos temas de tanta trascendencia
universal, que se dimensionan en este caso por tratarse Latinoamérica de una región del mundo con
una acendrada vocación por la paz y la no proliferación. El fortalecimiento del Sistema de Tlatelolco
y la posibilidad concreta de perfeccionar en el corto plazo una Zona libre de Armas Nucleares en América
Latina y el Caribe, convierten sin duda a la región en una autorizada voz en el tema del desarme nuclear.
Nuestro trabajo se ha concentrado en el Tratado de Tlatelolco y la correspondiente incorporación de enmiendas.
Dicho instrumento es más exigente que otros en materia de no proliferación (seguridades negativas)
y constitutivo de una Zona desnuclearizada. También hemos avanzado en la profundización de su régimen
de control y en el encargar al OIEA inspecciones especiales previstas. El régimen de salvaguardias coincide
con las políticas de los países proveedores en relación a la calificación para la transferencia
tecnológica.
La discusión que desarrollamos y los intercambios de opiniones ojalá alimenten una posición
común de la región, con miras al debate que se producirá en la Conferencia de Revisión
y Extensión del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) en abril próximo. Aspiramos a que
las conclusiones que de allí se saquen puedan constituir un antecedente valioso para la definición
de actividades sustantivas que pueda asumir OPANAL en el futuro y sus Miembros considerados individualmente. La
realización de la XIV Conferencia General del OPANAL que tendrá lugar en Viña del Mar, Chile
entre el 28 y 30 de marzo del presente año podrá también beneficiarse de aquélla.
Con respecto al Tratado de No Proliferación, tema de primerísima atención para este Seminario,
cabe señalar que dicho intrumento no es un fin en sí mismo, sino que fue concebido como un punto
de partida para negociaciones posteriores. Sus deficiencias, que las tiene, han sido tratadas a través de
normas supletorias, como serían los acuerdos de control, tales como el Grupo Zanger y el Club de Londres,
amén de las medidas de auto-limitación de las propias potencias nucleares.
Para referirse adecuadamente al desarme nuclear no debería obviarse una breve mención a la influencia
que han tenido algunos importantes eventos que se han sucedido durante los ultimos años y que han tenido
el mérito de ir definiendo y dando forma a un nuevo concepto de seguridad internacional, concebida como
un valor compartido y al que aspiran la mayoría de los países del mundo.
Se destacan entre éstos el ingreso al TNP de China, Francia y Sudáfrica. Cabe también consignar
algunos acuerdos laboriosamente alcanzados que han sido cabalmente cumplidos, dentro de los que se encuentra el
Tratado sobre eliminación de los misiles de alcance intermedio de 1987, que fijaba el año 1991 como
plazo para alcanzar la total supresión de toda una categoría de armas nucleares, cosa que se ha ido
cumpliendo con bastante rigor y voluntad política. Se agregan los progresos que se han venido observando
respecto de los Tratados sobre reducción de armas estratégicas, los cuales confirman la voluntad
de los Estados nucleares Partes de los mismos a profundizar el desarme nuclear conforme a parámetros que
habrían sido inimaginables para los expertos hasta hace poco tiempo atrás.
En otro contexto, es dable destacar la revalorización de las zonas desnuclearizadas, que se hace particularmente
visible en una parte de Europa, a partir de la unificación alemana. También por las políticas
asumidas por los Estados centroeuropeos en la materia y la decisión de Belarus, Kazajstan y Ucrania de convertirse
en Estados no poseedores de armas nucleares. A su vez, ya ha comenzado un proceso importante de desmantelamiento
y reconversión de misiles estadounidenses y rusos.
Muy importantes han sido también los compromisos asumidos unilateralmente por EE.UU. de declarar una moratoria
respecto de los ensayos nucleares, iniciativa que ha sido también emulada por Rusia, Francia y Reino Unido.
Esperamos que esta iniciativa sea definitiva, particularmente lo que se refiere a las pruebas en el Pacífico
Sur, y que exista un compromiso claro por parte de algunas potencias nucleares por concluir pronto y definitivamente
el Tratado de Proscripción Total de los Ensayos Nucleares. Es un elemento muy importante que deberá
tenerse en cuenta a la hora de la Conferencia de Extensión y Revisión del TNP.
Aparece como la principal aspiración de la comunidad internacional vivir en un mundo libre de armas nucleares.
Las palabras pronunciadas en alguna oportunidad por el ex-Secretario de Defensa de los Estados Unidos Les Aspin
resultan más que elocuentes,: “ la Guerra Fría ha concluido. la Unión Sovietica no está
ya más. Pero el mundo de la post- guerra fría decididamente no es post- nuclear”. Y aunque pueda
haberse superado el fantasma de la detonación nuclear, coincido con una afirmación que leí
tiempo atrás en una publicación, en el sentido de que como no podemos desinventar las armas nucleares,
resulta probable que permanezcamos con ellas como una circunstancia con nuestra historia. Ayer alguien habló
del mundo ideal, yo preferiría, al igual que el personaje de la novela de Kozinsky, mirar “desde el jardín”,
si tuviera la certeza de que nuestros esfuerzos de ahora pudieran sembrar algún fruto posible de destrucción
total a futuro.- Para eso trabajamos y para eso sirven , a mi juicio, estos encuentros como los de Cancún.
Es cierto que existe la percepción de que los arsenales de armas nucleares de las grandes potencias han
constituido un factor de disuasión, más que un instrumento al servicio de políticas de fuerza
tendientes a alterar el status quo internacional. La sola amenaza de utilizar dichas armas ha constituído
el más efectivo elemento de estabilidad que garantizaron la paz en Europa.
Hoy, no obstante los avances en desarme, no visualizamos un escenario internacional de relaciones estables como
en la época de la guerra fría. El desafío que se nos presenta, entonces, es cómo provocar
tal estabilidad sin armas nucleares.- Ese sería el objetivo final de nuestra tarea y del comportamiento
de los Estados. Los peligros hoy se multiplican y la vulnerabilidad la provoca el deterioro del medio ambiente,
la pobreza, el mal manejo de los problemas globales como el comercio, el terrorismo, el narcotráfico, todos
los cuales en su conjunto amenazan la paz y la seguridad internacionales. La pregunta que surge entonces es qué
deseamos hacer y cómo enfrentar el desafío del desarrollo económico y social. ¿Qué
papel juega en este contexto la energía nuclear y su uso adecuado? Pregunta que cabe relacionarla con el
fortalecimiento del régimen de prescripción y no proliferación de armas nucleares y con el
papel que le corresponde a los Estados con tal coyuntura que ciertamente es diferente conforme éstos sean
desarrollados o en vías de desarrollo. No pretendo con esto inmiscuirme en la confrontación que el
Embajador de Estados Unidos para el desarme denominó “todos contra los Estados nucleares” en la última
Asamblea General de la ONU.
Chile ha postulado en el ámbito multilateral y también bilateralmente algunas iniciativas que se
refieren a sus aspiraciones de que el desarme y la no proliferación sean un proceso permanente, integrador
y global que no se mantenga, como hasta ahora, como algo parcial y selectivo.
Las principales iniciativas ya conocidas por muchos, supongo, se refieren a lo siguiente:
Todas estas iniciativas tenderían a neutralizar o dismininuir la discrecionalidad que ha caracterizado
a la praxis del TNP. Hoy su transformación estaría reglamentada por canales supletorios.
A todo esto se suma la iniciativa de Chile en conjunto con Argentina y Brasil (Compromiso de Mendoza) de implementar
y apoyar las reformas de Tlatelolco y hacerlo un Tratado de plena efectividad, cuyo fin último debe ser
constituírnos en la primera Zona de gran población del mundo libre de armas nucleares.-
Lo anterior le otorga a nuestro país en particular y a América Latina en general credenciales suficientes
para participar activamente en el diálogo internacional. Más allá de que nos involucremos
antes o después en contingentes internacionales mayores, estos hechos nos sitúan en la posición
de exigir al resto de la comunidad internacional la proscripción total de las armas nucleares a fin de evitar
el riesgo de su uso o cualquier efecto de contaminación.
En este contexto dimensionamos la actividad que le puede caber a OPANAL como interlocutor de nuestra región
frente a los Estados poseedores de armas nucleares.
El nuevo escenario permite visualizar algunas tareas importantes que podría cumplir OPANAL en el futuro.
Las enunciamos pidiéndoles reflexionar sobre ellas con miras a eventualmente analizarlas en profundidad
en la reunión de Viña del Mar en marzo próximo.
a. Ser sede de una Oficina Regional del Sistema de Salvaguardias de la OIEA para América Latina y el Caribe.
b. Centralizar y focalizar temas de cooperación técnica y de capacitación del Programa ARCAL.
c. Asumir las tareas de la CIEN-OEA que hoy está congelada, como objetivo en el desarrollo nuclear en América.
d. Difundir e intercambiar información respecto a la posibilidad de aplicar análogamente el mecanismo de cláusulas de Tlatelolco, como las inspecciones conjuntas o especiales, a otros espacios geográficos que están bajo regímenes de zonas desnuclearizadas o tengan interés en estarlo.
e. Formular iniciativas de presentación de pautas regionales de seguridad y cooperación en el uso pacífico de la energía nuclear entre los países de la región.
A nuestro entender estas reflexiones que avalarían las buenas credenciales que presenta América
Latina y el Caribe y contribuye ciertamente a otorgarle mayor relevancia a nuestra región en el diálogo
internacional. Debemos asumir esta realidad y trabajar por adoptar posiciones consensuales que fortalezcan o, al
menos, creen condiciones de ganar mayor influencia en la toma de decisiones, sobre temas, tan importantes como
son la No Proliferación y el Desarme.
Por otra parte y aspirando a que lo enunciado con anterioridad se cumpla, esperamos sinceramente que en la negociación
del Documento Final de la Conferencia de Revisión y Extensión del TNP, se adopten reales compromisos
en materias de desarme nuclear; y definiciones favorables que se materialicen paralelamente con la conclusión
de un Tratado para la Proscripción Completa de Ensayos de Armas Nucleares (CTBT); compromisos concretos
sobre una reducción a la producción de materiales fisionables; y, en el establecimiento de un tratado
que cree un sistema de aceptación universal en materia de restricciones a la transferencia de tecnologías
balísticas de misiles y negociaciones de garantías de seguridad. En suma, creemos que la Conferencia
de Revisión y Extensión puede ser una oportunidad para que la región haga valer puntos de
vista concebidos en el contexto anotado.
La energía se ha transformado en el nervio de la sociedad moderna, siendo esencial para la industria, el
transporte, la agricultura, y en general el bienestar. También, es fuente de contaminación y amenaza
para el medio ambiente. La demanda de energía proviene fundamentalmente de los desafíos del desarrollo.
Así puestas las cosas, se puede decir que necesitamos un mejor entendimiento de las cuestiones nucleares,
con miras a responder adecuadamente a las demandas planteadas y no enfrentarnos a una acción paralizante
como consecuencia de los aspectos negativos que puede implicar el uso pacífico de la energía nuclear
. Es propio recordar que la carrera armamentista, de alguna manera eclipsó la aplicación civil de
este importante elemento.
La tarea que deberíamos acometer, a nuestro juicio, significa implementar correctamente la ecuación
seguridad y desarrollo, sin descuidar las obligaciones y compromisos medioambientales.
Lo que cabe es ir considerando que la carrera de armamento tiene cada vez menos importancia. La prioridad consiste
en enfrentar el dilema de si el fin de la guerra fría ha significado una disminución de la inseguridad
o un aumento de la seguridad. Situados en tal perspectiva y concibiendo la problemática de la energía
nuclear y la no proliferación en un contexto global de ramificaciones e inter-dependencias, corresponderá
a los Estados buscar nuevos, mejores y más imaginativos espacios para el tratamiento del tema, amén
de robustecer y afianzar los órganos de Naciones Unidas.
Asintamos en que la energía nuclear antes era un elemento disociador y hasta de confrontación. Hoy,
conforme las nuevas circunstancias, puede ir de la mano con el desarrollo y, lo que es más importante, con
el concepto de “desarrollo sustentable”.
Celebramos entusiastamente el desarrollo de tecnologías que permitan reciclar las bombas de hoy en instrumentos
de progreso para mañana. Esperamos, asimismo, que dicho desarrollo tecnológico permita una reconversión
que tenga especialmente en cuenta la preocupación por el medio ambiente y la seguridad nuclear, críticamente
amenazada por la obsolesencia de plantas nucleares en una serie de países, por el vertimiento de desechos
nucleares en los océanos, y por el manejo inadecuado de tales residuos.
Con ello disminuiríamos los riesgos y abortaríamos coherentemente un tema que atañe a todos.
Los problemas mayores se refieren a la intensificación del tráfico de materiales fisionables y a
la intensificación del tráfico de materiales fisionables y a la supuesta existencia de programas
secretos. De allí la necesidad de reforzar el rol que le compete al Sistema de Seguridad de Naciones Unidas
en conformidad con la Carta. Además corresponde incorporar a los países en desarrollo, ojalá
a través de la negociación de resoluciones de la Asamblea General de la ONU, sobretodo lo referente
al control de exportaciones de productos peligrosos.
A ello debería sumarse las verificaciones cada vez más "desafiantes" de la OIEA y las enérgicas
reacciones de toda la comunidad internacional cuando se compruebe o existan sospechas fundadas de quebrar las normas
del "fair play" en materia de no proliferación.
Con esto señalo que la buena fé deberá ser la regla madre que rija las relaciones entre los
actores del sistema internacional.
En este contexto, desde la perspectiva de mi país, la Conferencia de Desarme podría constituírse
en el articulador del Compromiso de No Agresión entre los Estados, dándole la solemnidad, uniformidad
y grados de certeza que, conforme al derecho internacional, la situación requiere.
Para finalizar, los invito nuevamente a reflexionar sobre estas consideraciones y otras asociadas con miras a dimensionar
correctamente nuestra región en el ámbito internacional y, a su vez, discutir y también materializar
algunos cursos de acción futura respecto de Tlatelolco y el TNP. La XIV Conferencia General de OPANAL, a
celebrarse en Viña del Mar, puede ser una oportunidad renovadora para nuestras aspiraciones en estos temas
de tanta trascendencia.
Dejo, a título de ejercicio académico para este Seminario, planteadas algunas interrogantes, que
reflejan la amplitud del tema que nos preocupa y que debería, a nuestro juicio, ser enfrentado de manera
global y urgente.
¿Cómo se remediará el legado tóxico de cuatro décadas de producción de
armas atómicas?
¿Qué acontecerá con todo el uranio enriquecido y el plutonio que recuperará cuando
se desmantelen la mayoría de las 65.000 ojivas que componen el arsenal nuclear de solamente los EE.UU. y
Rusia?
¿Qué sucederá con las cientos de toneladas de chatarra atómica que se producirán
con el retiro de los misiles nucleares?
¿Cuáles serán las nuevas doctrinas que regularán la utilización de las cabezas
nucleares que aún permanezcan activas?
* Nota Biográfica
Es el Director de Política Especial del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile.
Ha desempeñado los cargos de Ministro Consejero de la Embajada de Chile en el Reino Unido; Encargado de
Negocios a.i. de Chile en Rumania; Cónsul General de Chile en Toronto, Canada; Segundo Secretario de la
Embajada de Chile en Caracas, Venezuela; Segundo Secretario de la Embajada de Chile en La Paz, Bolivia; y Cónsul
en el Consulado General en La Paz, Bolivia.
Ha sido Profesor de la Academia Diplomática "Andrés Bello"; es Profesor de Relaciones Internacionales
de la Academia Nacional de Estudios Jurídicos y Estratégicos de las FF.AA.; Miembro de la Sociedad
Chile de Derecho Internacional.
Ha presidido Delegaciones de Chile a diversas Conferencias y Reuniones Internacional sobre el Desarme, Medio Ambiente,
Derecho del Mar, Antártica, etc. y ha dictado una serie de conferencias y escrito artículos sobre
materias propias de su actividad.