Seminario Internacional de DesarmeArtículos

Seminario Internacional sobre Desarme

Lima, Perú
Dec-1999

LOS HOMBRES, LA GUERRA Y LA PAZ.

ANTONIO STEMPEL PARIS.

"Si las guerras nacen en la mente de los hombres,
es en la mente de los hombres donde deben
erigirse los baluartes de la paz".


Estas palabras, escritas hace más de cincuenta años en el preámbulo fundacional de la UNESCO, nos llevan a considerar objetivamente los logros alcanzados en esta media centuria en pro de la convivencia pacífica en nuestro planeta; pero igualmente debemos reconocer que aún queda un largo camino para erradicar de la faz de la Tierra los horrores de la guerra. Para erigir en la mente de nuestros semejantes "los baluartes de la paz" y aplacar en nuestros espíritus el virus de la violencia.

¿ Es el hombre un ser instintivamente agresivo?

Quienes así lo consideran, alegan que el primer enemigo del hombre es su semejante. Que ningún vertebrado, ni el más feroz de los carnívoros suele matar a sus congéneres, con sólo dos excepciones: algunas ratas y el hombre.

¿Puede de allí deducirse que esa agresividad es innata e ineludible? ¿Que el hombre está condenado a la violencia hasta el fin de su permanencia en la Tierra? ¿O hasta que el propio planeta de reduzca a un inmenso yermo por obra de la violencia humana?


¿O que al contrario, en virtud del raciocinio, de la educación para una cultura de la paz podremos modificar esa conducta y sustituir la agresividad por la tolerancia y la convivencia pacífica?

Sea genética o cultural la causa última de la violencia humana, debemos reconocer y fortalecer la capacidad del hombre para el progreso, la superación y el raciocinio.

Hasta el siglo XIX no aparece en el mundo occidental una literatura desarrollada en el sentido del pacifismo. Sólo algunos predicadores aislados se habían preocupado de exponer y condenar los horrores de la guerra. Durante los siglos y milenios precedentes, el hombre estuvo inmerso en la cultura bélica, como única vía resolutiva de conflictos, con toda su aureola de oropel y de heroísmo. Incluso llegó a creerse que las guerras eran un instrumento de progreso.

Pero la transformación que trajo consigo la revolución industrial cambió radicalmente el escenario del mundo. El desarrollo tecnológico, el urbanismo creciente, el auge de las comunicaciones y el poder de destrucción cada vez mayor de las armas de guerra, llevó a nuestra especie a tomar una mayor conciencia de que la paz no era una simple etapa de "tránsito" entre dos guerras, sino una imperiosa necesidad para la preservación de la vida misma en nuestro planeta.

De allí los intentos y los esfuerzos - no siempre exitosos - por crear un nuevo orden internacional, por levantar barreras de contención a la violencia, por buscar caminos al diálogo y a los compromisos apaciguadores.

Todo ello ha permitido evitar, o resolver a un bajo costo, algunos conflictos en la segunda mitad de este siglo; pero no ha impedido, lamentablemente, numerosas guerras y masacres en Asia, América, África y Europa. Y seguimos sometidos - casi resignadamente - a la amenaza de una hecatombe nuclear o de una guerra química o bacteriológica, por obra de cualquier rivalidad fundamentada en diferencias étnicas, religiosas o territoriales.

Consideremos simplemente, que "en el mundo actual hay 3.500 grupos de población que se califican de naciones en tanto que sólo 185 de esos grupos están activamente reconocidos como estados nación por la comunidad internacional. El potencial de conflicto entre sociedades y dentro de ellas que encierra un elevado número de estos 3.500 grupos de población es enorme y constituye una razón de ser poderosa para el fomento enérgico de una Cultura de Paz".

La cultura de la paz.

El profesor Bert V. A. Röling señala que "sólo cuando la guerra apareció como un simple aspecto de la imperfección humana, pudo convertirse en objeto de las reflexiones de los investigadores... justo hasta el momento en que los científicos, en lugar de emitir juicios, comenzaron a estudiar la guerra y sus causas, a fin de comprender los factores y las relaciones que en ese fenómeno intervienen".

"La Primera Guerra Mundial había puesto de manifiesto la necesidad de considerar como superado el concepto de guerra limitada, dirigida por los militares. La guerra se había convertido en guerra total y afectaba a la población entera".

"Con la Segunda Guerra Mundial, el conflicto adquirió una nueva dimensión al aparecer las armas nucleares. Llevada al extremo, la guerra total se convertía en guerra de aniquilación. Este es el problema de nuestro tiempo: la guerra se ha vuelto inadmisible, pero las relaciones entre estados - el sistema internacional - no ha cambiado. Sigue habiendo estados soberanos que buscan su seguridad en la potencia militar y que quieren garantizar la paz mediante la disuasión, mediante el equilibrio del terror".

"El deseo de paz no se basa en criterios morales o afectivos, sino en la razón humana. Es el temor, racionalmente fundado, lo que nos ha llevado necesariamente a preguntarnos si un estudio objetivo del problema de la guerra no podría contribuir a su solución".

Así pues, tras la Segunda Guerra Mundial las investigaciones sobre la guerra y la paz se multiplicaron aceleradamente e institutos consagrados a esta materia comenzaron a surgir por todo el mundo y con cuatro campos de investigación bien definidos:

- La guerra.
- La paz.
- El hombre, la sociedad y el sistema internacional.
- Los medios para producir cambios: una cultura de la paz.

La guerra.

Las investigaciones sobre la guerra se ocupan fundamentalmente de sus causas, de las diversas formas en que se manifiesta, de sus funciones y de sus efectos. Y es evidente que el análisis de este fenómeno resulta bastante complejo, ya que sus causas, sus manifestaciones y sus efectos varían según el tiempo y el lugar, aunque sus elementos sean interdependientes.

Según el propio profesor Röling, " puede afirmarse que la guerra total estratégica ( modelo Clausewitz) ha desaparecido del repertorio de la práctica internacional. En cambio, no ocurre lo mismo con la guerra total accidental, resultante de una " escalada" de maniobras y operaciones en situaciones de conflicto. Tampoco ocurre lo mismo ...con las guerras limitadas, ya sean estratégicas o accidentales.." de modo que " el peligro que amenaza al mundo está en el accidente que puede sobrevenir en situaciones conflictivas entre estados grandes o pequeños, al provocar una reacción en cadena incontrolable".

Hoy existen en el mundo numerosa instituciones académicas dedicadas al estudio de la paz y obviamente orientadas al estudio de la guerra, donde ocupa un lugar preponderante la consideración en la teoría general de los conflictos (rama de la polemología).

Dicha teoría se basa en dos hechos: prácticamente todos los sistemas sociales padecen conflictos, y estos evolucionan según esquemas bastantes parecidos. Su análisis tiene por objeto poner de relieve los conceptos básicos comunes y reunirlos en una teoría de los conflictos, análoga a la teoría económica, y así permitir, como corresponde a una teoría científica, la predicción de resultados. De tal modo que habiendo previsto el resultado probable de una situación conflictiva determinada, teóricamente se podría, si la situación tiende a la guerra, contenerla antes de que escape a la acción voluntaria de los hombres.

La polemología engloba no solamente aquellos estudios que tienen relación directa con la teoría general de los conflictos internacionales, sino también otras investigaciones como el carácter de los conflictos culturales en los períodos de transición, las relaciones entre el crecimiento demográfico y la guerra, las relaciones entre el espíritu bélico y otros aspectos de esa misma cultura, y la estrategia militar general.

La paz.

Los estudios sobre la paz surgieron de la preocupación de que, si bien la comunidad académica había invertido enormes recursos y asignado a personas de talento para examinar las razones de ser y las formas de la guerra, los esfuerzos por aprender acerca de la paz y luchar por ella habían sido dispersos y desorganizados, cuando no dejados de lado en el mundo académico. Se estimó que la relación de gran parte de la comunidad académica con el "sistema de guerra" se había caracterizado por la complicidad en el mejor de los casos y en el peor, por una participación de lleno. Los estudios sobre la paz se consideraron una manera de reorientar a la comunidad de la educación superior hacia el análisis y desmitificación de ese sistema y en última instancia, el enfrentamiento con ese sistema. Donde las disciplinas tradicionales trataban la guerra ya fuese como un fenómeno inevitable o como una herramienta útil, los estudios para la paz procuraron tratarla como un problema humano.

Debemos tener en cuenta, cuando se habla de la paz, - insiste Röling - " que es propio de la naturaleza del hombre preocuparse ante todo de si mismo, identificarse con las cosas que le interesan y defenderlas con energía. Hay en el individuo una agresividad innata, una tendencia natural a movilizar sus fuerzas para la protección de aquello hacia lo que siente apego".

De modo que si la guerra está ligada profundamente a lo que hay de propio y exclusivamente humano en el hombre, la paz no puede ser un objetivo simple.

Por otra parte, existen diversos conceptos de paz: la paz negativa, que no es otra cosa que la ausencia de guerra, y la paz positiva, que supone un acuerdo entre los grupos o comunidades, para vivir juntos, en el marco de un común sistema de valores.

Es evidente que en el mundo de hoy no podemos resignarnos a una paz negativa, a una simple ausencia de guerras, sin suprimir las situaciones conflictivas y sin crear caminos que sustituyan el recurso a las armas. Sólo cuando impedimos que un conflicto estalle o resolvemos pacíficamente las situaciones conflictivas entramos en la vía de la paz positiva.

También podemos hacer una distinción entre la paz estática y la paz dinámica: entre la paz resultante de un statu quo y la paz por medios que aseguren una evolución hacia mejores estructuras sociales en lo local, nacional e internacional.

Las investigaciones sobre la paz se ocupan de los numerosos elementos y factores favorables a la paz: el equilibrio de fuerzas, las prolongadas relaciones pacíficas entre naciones, la actividad de Las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz, la mediación, el arbitraje, y la no violencia como método de defensa. Así como la consideración de los factores que contribuyen a romper el equilibrio de la paz: el armamentismo, la pobreza, la presión demográfica, los antagonismos tribales y étnicos, el atraso cultural y económico, etc.

El hombre, la sociedad y el sistema internacional.

Consideración muy significativa debe darse a la educación de los hombres en el esfuerzo por sustituir la cultura de la guerra, con la que hemos vivido por milenios, por una cultura de la paz.

Esto implica una profunda transformación en la mente y en la voluntad de la elites políticas, militares, económicas, académicas y religiosas. Una verdadera toma de conciencia universal, que dejando de lado la retórica, emprenda una cruzada en pro de una cultura universal de la paz.

Analizar al hombre en su realidad, con lo que tiene de irracional y de racional, con sus fobias y sus filias, sus temores y desconfianzas, y su marcada tendencia a deformar la imagen de su medio ambiente para hacerla coincidir con la que se ha hecho del mundo.

Investigar así mismo a los grupos en los que el hombre vive. Los estados y colectividades, con leyes propias y el peso de un pasado, de unas tradiciones y emociones que juegan un papel predominante en el pensamiento y en la acción de las sociedades humanas.

Asimismo, la investigación sobre la paz atiende a las relaciones y al comportamiento de los estados soberanos, esa comunidad compleja y heterogénea, organizada en un "sistema internacional", en el cual no siempre es fácil obrar conforme al derecho y la justicia.

En todo caso, el antagonismo entre los estados nace del conflicto de intereses. A veces la ganancia para una parte significa necesariamente una pérdida para la otra; pero en muchos casos un acuerdo entre las partes, o una acción conjunta puede producir resultados ventajosos para ambas. Entender que una paz negociada será siempre mejor que una guerra victoriosa.

Pero lo cierto es que la conducta de un estado está determinada frecuentemente por la conducta del otro, o por la que presume que es esa conducta del otro. Convencidos de que los otros estados se conducen maliciosamente, esto los lleva a conducirse de igual modo. La interacción maliciosa conduce al antagonismo feroz, al armamentismo creciente y a la guerra. Persuadidos de que así actúan con "realismo".

Se hace pues indispensable instaurar un nuevo sistema de relaciones internacionales, que obedezca a nuevas reglas de conducta fundadas más en la razón que en la fuerza. Un orden capaz de controlar efectivamente la observancia de las reglas de comportamiento mutuo - que la propia comunidad internacional haya establecido - y que sea capaz de hacerlas respetar.

Los medios para el cambio: una cultura de la paz.

¿ Qué fuerzas sociales han de ponerse en juego para implantar en el mundo una cultura de la paz?.

Sin duda, habrá que contar con el apoyo consciente y reiterado de todo el sistema educativo, con las iglesias, con las organizaciones civiles y muy especialmente con los medios de información, con la prensa, la radio, la televisión y el cine, cuya enorme influencia sobre la mente de los hombres y en especial de los jóvenes es cada día mayor.

Por otra parte, dada la variedad y complejidad de los factores involucrados en el estudio de la guerra, de la paz y del hombre, el grupo y el mundo de los estados, es evidente que habrá que contar con el apoyo de una amplia gama de disciplinas, desde las diversas ramas de las ciencias sociales ( historia, economía, psicología social, derecho y política internacional, etc) hasta el ámbito de otras disciplinas situadas en la periferia de aquellas.

Resulta evidente, que para alcanzar resultados tangibles en esta ciclópea tarea de cambiar la cultura de la guerra - con la que ha vivido la humanidad desde el inicio de su historia - por una cultura de la paz, será fundamental el papel del sistema internacional, de las Naciones Unidas y particularmente de la UNESCO, cuyos esfuerzos en las últimas décadas debemos reconocer.

Aquella, mediante la acción eficaz en la búsqueda y en la solución de los conflictos por todos los medios pacíficos que estén a su alcance. Y ésta, poniendo en juego sus recursos intelectuales, morales y materiales para que la educación y la cultura puedan obrar sobre la mente y la conciencia de los hombres en beneficio de la paz y de la convivencia entre los pueblos.

Como bien señala Walter Altmann : " la educación tradicional tiene que ser superada por una educación crítica para la paz, sobreentendiéndose la superación en el sentido hegeliano de acogida de la anterior y su elevación a un nivel ulterior. Sin subestimar pues, la necesidad de una disposición subjetiva para la paz y la justicia, la educación crítica estará centrada en la conciencia y en el descubrimiento objetivo de los factores económicos, sociales y políticos que impiden la justicia, la paz y la preservación de la naturaleza, así como de los medios eficaces para su consecución".

En fin, vale la pena enumerar algunas de las conclusiones del Primer Foro Internacional de la Cultura de la Paz, organizado en San Salvador por el gobierno de El Salvador, en febrero de 1994, con el apoyo financiero y técnico de la UNESCO:
a) El objetivo de la cultura de la paz es asegurar que los conflictos inherentes a las relaciones humanas sean resueltos sin violencia, basados en los valores tradicionales de la paz, que incluyen la justicia, la libertad, la equidad, la solidaridad, la tolerancia y el respeto a la dignidad humana.
b) La paz y los derechos humanos son indivisibles y conciernen a todos. Un principio esencial de la paz es el respeto y garantía de los derechos humanos, no sólo los civiles y políticos, sino igualmente los económicos, sociales y culturales.
c) La construcción de una cultura de la paz es una tarea multidimensional, que requiere la participación del pueblo en todos sus niveles, en sus relaciones con sus semejantes y con su entorno y la comunidad nacional, regional e internacional.
d) La cultura de la paz debe contribuir a fortalecer el proceso democrático, teniendo en cuenta el pluralismo político, la activa participación de la sociedad civil en el cual el pueblo tome parte en las decisiones que afecten su vida y la promoción de la dignidad humana.
e) La implementación de una cultura de la paz requiere de una profunda movilización de todos los medios de educación y comunicación, tanto formales como informales. Todas las personas deben ser educadas con los valores básicos de la cultura de la paz, mediante un esfuerzo integral, que incluya a cada miembro de la sociedad.
f) Una cultura de la paz requiere del aprendizaje y el uso de las nuevas técnicas para gerenciar y resolver conflictos. El pueblo debe aprender a enfrentar los conflictos sin recurrir a la violencia o la dominación, dentro de un marco de respeto y diálogo permanente.
g) Una cultura de la paz debe ser elaborada dentro de un proceso sustentable, endógeno, equitativo y no impuesto desde fuera. Debe ser visto como un proceso nacional, basado en su propia cultura y tradiciones, que debe reflejarse en una acción concreta y diaria.
h) La realización de una cultura de la paz requiere de un soporte total de la comunidad internacional en todos los niveles, sociales, políticos y económicos. Mientras entramos al siglo XXI, es importante asegurarnos de que los recursos del mundo serán invertidos en una cultura para la paz y no en una cultura para la guerra.

BIBLIOGRAFÍA

- The New Page, Federico Mayor. UNESCO,1995.
- La tolerancia: umbral de la paz, Betty A. Reardon, UNESCO, 1997
- Education et culture de la paix: Seléction bibliographique mondiale, Shapour Rassekh, BIE.
- Aportes para una pedagogía de la paz, Esther de Zavaleta, UNESCO/Orealc, 1986 .
- El hombre y la paz, Eduardo Haro Tecglen, Ediciones de promoción cultural, 1975.
- En busca de la Paz, Linus Pauling y Daisakn Ikeda, Emece, 1995.
- La Promoción de una Cultura de Paz, Conferencia Mundial sobre la Educación Superior, UNESCO, 1998.
- La Contribución Internacional a la Cultura de la Paz, Javier Pérez de Cuellar, presentación ante el Primer Foro Internacional de la Cultura de la Paz, 1994.
- Cultura de Paz y gestión de conflictos, Vicenc Fisas, Icaria/UNESCO.
- Paz, seguridad y desarrollo en América Latina, J.A. Silva Michelena, Universidad de las NU, 1986.
- The Venice deliberations, Unesco, 1996.

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