El Tratado de Tlatelolco, la Zonas Libres de Armas Nucleares y
la No Proliferación Nuclear: un punto de vista de los ONG

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Harald MüllerJohn Redick

Hon. Ben Sanders
Presidente del Programa para Promover la No-Proliferación (PPNN)



En este capítulo trata sobre el modo en que se relacionan las actividades de algunas organizaciones no gubernamentales (ONG) interesados por la no proliferación nuclear con la creación y las funciones de las zonas libres de armas nucleares y, en particular, con los objetivos y las actividades del Tratado de Tlatelolco. El esfuerzo por establecer Zonas Libres de Armas Nucleares (ZLAN) es un fenómeno relativamente reciente entre las diversas medidas que se han adoptado para frenar la proliferación de armas nucleares. Aún el Tratado de Tlatelolco, que se ha convertido en el ejemplo clásico de una ZLAN, apenas tiene treinta años de existir y, a la fecha del presente escrito, aún no había entrado en vigor en todos los Estados de la región que abarca. Por otra parte, en este contexto, las actividades de los ONG son un fenómeno relativamente nuevo que no todavía no se reconoce ampliamente. Tal vez valga la pena examinar con cierto detalle la interacción práctica y potencial entre los dos conceptos, y en particular algunas maneras en que un ONG puede ayudar a promover los propósitos de la ZLAN. Esto es lo que hacemos aquí basándonos en la experiencia de un miembro específico de la comunidad de ONG: el Programa para Promover la No Proliferación Nuclear (PPNN), con el que el autor ha tenido nexos desde su establecimiento, a principios de 1987. El mandato del PPNN centra su atención en el fortalecimiento del régimen de no proliferación nuclear, dentro del cual han llegado a desempeñar un papel decisivo los tratados para mantener regiones geográficas específicas libres de las armas nucleares.

El Tratado de Tlatelolco y la organización que se creó para implantarlo, el OPANAL, se prestan de maravillas para una disquisición de esta naturaleza. El OPANAL y el PPNN están íntimamente relacionados. Comparten múltiples intereses y el contrato entre ellos ha recibido un impulso especial por el hecho de que el Secretario General de OPANAL funge a título personal como miembro del Grupo Central del PPNN, que es el meollo de las operaciones de este organismo.

Con algunas notables excepciones, los ONG han podido lograr su participación actual en materia de limitación de armas nucleares y desarme principalmente gracias a deliberaciones dentro del marco de las Naciones Unidas y de conferencias y reuniones especializadas bajo los auspicios de la ONU. Por lo tanto, nos pareció adecuado empezar este capítulo con un esbozo de la historia del Tratado de Tlatelolco según se ha revelado en las deliberaciones de las Naciones Unidas acerca de esos asuntos.

La idea de establecer zonas geográficas donde estuvieran prohibidos todos los tipos de armas nucleares se planteó por primera vez en la década de 1950, y a partir de entonces se ha ido convirtiendo en una realidad de importancia creciente en la prevención de la proliferación de las armas nucleares. Aparte de que reviste una pertinencia directa para diversas regiones, ahora en la actualidad se le considera cada vez más como un elemento primordial del sistema de no proliferación a escala mundial, a la par que un factor importante en las acciones globales tendientes a la reducción y la eliminación definitiva de las armas nucleares.

Fue en 1978, en su primer Período Especial de Sesiones dedicado al desarme, cuando la Asamblea de las Naciones Unidas por primera vez expresó en forma unánime su reconocimiento de que "el establecimiento de Zonas Libres de Armas Nucleares con base en arreglos concertados libremente entre los Estados de la región constituye una importante medida de desarme". El Documento Final del Período Especial de Sesiones prosigue diciendo que debería alentarse el proceso de establecimiento de tales zonas; que habría que tener en cuenta las características de cada región; y que los Estados participantes deberían cumplir cabalmente todos los objetivos, propósitos y principios de los acuerdos, incluidos los acuerdos para establecer las zonas, de tal suerte que verdaderamente quedaran libres de armas nucleares. El Documento final hace un llamamiento a los Estados que poseen armas nucleares a que respeten el status de la zona libre de armas nucleares y ofrezcan garantís de seguridad negativa1.

La forma de redacción del Documento Final se aprobó al cabo de un debate prolongado y difícil y salva las grandes diferencias de puntos de vista, lo que aumenta su importancia como declaración de un principio internacional. El texto especifica las normas con las que debe cumplir un arreglo de desnuclearización zonal para constituir una ZLAN legítima. Las características que enumera no se idearon en el Período Especial de Sesiones referido; todas ellas se basan en el ejemplo del Tratado de Tlatelolco. Este tratado no sólo es el primer caso de una ZLAN que cubre toda una región poblada y de un arreglo puesto en práctica, sino que también ha sido reconocido por muchos años como el prototipo de una ZLAN.

El mandamiento de que "habría que tener en cuenta las características de cada región" puede ser el elemento que llama más la atención hacia el concepto de las ZLAN, ya que expresa el reconocimiento de que un acuerdo zonal se puede adaptar a las necesidades específicas de los Estados del área en cuestión. No existen dos tratados zonales exactamente iguales. Veamos un ejemplo entre muchos posibles: el Tratado de Pelindaba, por virtud del cual África se convirtió en una ZLAN, contiene una disposición que requiere expresamente la promoción de los usos pacíficos de la energía nuclear en esa área2. Por otra parte, el Tratado de Rarotonga establece un "Tratado de la Zona Libre Nuclear del Pacífico Sur". Aunque al omitir la palabra "armas", podría interpretarse que este título se refiere a la prohibición no sólo de armas nucleares sino también de actividades nucleares pacíficas en el área, se decidió implicar en particular que, aparte de las armas nucleares, se prohibían tanto los ensayo con dispositivos nucleares explosivos como la contaminación radioactiva del ambiente. El tratado contiene disposiciones específicas a este respecto. El lo tocante a las aplicaciones pacíficas, aunque no las prohibe, no incluye ninguna disposición que requiera su promoción3.

Dentro del marco de las Naciones Unidas, el primer movimiento formal hacia la desnuclearización de América Latina tuvo lugar cuando Brasil, en el 17o. Período de Sesiones de la Asamblea General, sometió una resolución relativa al establecimiento de una zona desnuclearizada en ese continente. No fue una coincidencia que ese mismo año ocurriera la crisis de los misiles en Cuba, con lo que los países del área se dieron cuenta de las altas probabilidades de haberse convertido en objetivos nucleares si la crisis no se hubiera solucionado en el último momento. El año siguiente, los presidentes de Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador y México emitieron una declaración en la que anunciaron que sus países desistirían de fabricar armas nucleares y pidieron que se reconociera a América Latina como una zona de desnuclearización. Como seguimiento de esta iniciativa, a fines de 1964 se reunieron en la ciudad de México representantes de diecisiete países latinoamericanos y decidieron establecer una Comisión Preparatoria para que elaborara un anteproyecto de tratado de desnuclearización para América Latina. El trabajo de la Comisión Preparatoria culminó con un texto preliminar de un anteproyecto de tratado, y en junio de 1967 concluyeron las negociaciones. El proceso culminó con la firma, en Tlatelolco, D.F., del Tratado para la Proscripción de Armas en América Latina4 y el establecimiento de las bases del Organismo para la Prohibición de Armas Nucleares en América Latina (OPANAL). Este proceso fue vigilado de cerca por la Asamblea General, y cada año se aprobó una resolución sobre el tema5.

En esta breve introducción histórica, considerablemente simplificada, salta a la vista que el asunto de las ZLAN en general y el del génesis del Tratado de Tlatelolco en particular han ocupado un sitio importante en las deliberaciones de las Naciones Unidas. Estos asuntos se han tratado en el contexto de los debates sobre varios temas relacionados, entre ellos: el desarme y la limitación del armamento; la no proliferación nuclear; las garantías de seguridad y la estabilidad regional; la verificación; y los usos pacíficos de la energía nuclear, inclusive bajo un encabezado propio. Lo sucedido en las Naciones Unidas y en otras organizaciones internacionales afines, en particular la Conferencia sobre Desarme y el Organismo Internacional para la Energía Atómica, revisten interés para una amplia gama de ONG, pero podría decirse que el interés por el asunto de las Zonas Libres de Armas Nucleares es relativamente reciente. Esto también se aplica al nacimiento y el desarrollo de la Zona Libre de Armas Nucleares de América Latina y el OPANAL; aparte de unos cuantos ONG, como el de Pugwash6, que desde largo tiempo atrás se había ocupado de buscar soluciones regionales a problemas de seguridad, durante las primeras fases del proceso pocos ONG pusieron mucha atención en esos asuntos. El interés de los ONG creció conforme las ZLAN fueron objeto de debates y surgieron, y no es exagerado afirmar que los esfuerzos de los ONG han coadyuvado a la creación de varias de las ZLAN más recientes.

Al respecto, cabe decir unas palabras acerca del tipo de ONG que están activos en esta área.

La categoría de organizaciones no gubernamentales es difícil de definir7. Literalmente, cualquier grupo o institución no "gubernamental" podría calificarse de organismo no gubernamental, pero esto no podría ser una definición significativa. Una característica de los ONG es que son asociaciones de personas que se crean deliberadamente con determinados fines, que se distinguen de las familias, las tribus o los clanes, u otros grupos, en el sentido de que éstos crecen de manera natural. Otro elemento que ayuda a definir a los ONG es lo que no son: no pueden ser organizaciones gubernamentales o parte de la administración de un país o de una organización intergubernamental. La parte esencial de la definición son las siglas "NG".

Por lo tanto, no es coincidencia que la mayoría de los ONG públicamente reconocidos se encuentren en Estados que se rigen por principios democráticos, en los que los ciudadanos piensan que vale la pena reunirse para promover una causa determinada y tienen la libertad de hacerlo. En muchas democracias occidentales, los ONG adquieren cada vez más importancia, algunos principalmente en la promoción de asociaciones sociales entre personas con intereses análogos, pero muchos también como grupos de cabildeo o de presión constituidos con el objeto de influir en el gobierno en varios niveles, a favor o en contra de ciertas medidas legislativas, acciones ejecutivas y políticas gubernamentales, en el interior de su país o en el extranjero. Si bien conservan su independencia como entes "no gubernamentales", estos ONG en cierta forma pueden considerarse como parte del sistema gubernamental.

Los ONG que se crean con la finalidad de influir en las políticas y las acciones gubernamentales adoptan muchas formas. Una manera de categorizarlos consiste en distinguir los que se ocupan de una variedad de asuntos que constituyen un tema básico de aquéllos que se establecen para ocuparse de un asunto específico. Un ejemplo de un ONG que cubre una variedad de problemas es la Unión de Científicos Interesados, que aborda la mayoría de los problemas que podrían ser de interés para los científicos preocupados por lo que pasa a su alrededor: cuestiones ambientales como la del efecto invernadero y de la lluvia ácida; males sociales como el abuso de las drogas; y la seguridad nacional. La proliferación de armas de destrucción masiva no es sino uno de los asuntos de su interés y un elemento que contribuye a su preocupación por los problemas de seguridad. Las actividades de grupos como Greenpeace (Paz Verde) o Parlamentarios por la Acción Global también tienen un amplio alcance; el interés del primero es primordialmente de carácter ambiental, en el sentido más amplio; el segundo es activo en muchos aspectos de la política internacional. Estas dos organizaciones se ramificaron para ocuparse de asuntos relacionados con sus principales áreas de interés, a través de las redes de contactos que mantienen en sus respectivos campos. Greenpeace (Paz Verde) en particular es famoso por su feroz defensa del ambiente contra la contaminación nuclear real o supuesta. Su preocupación por este problema lo ha llevado a hacer campaña contra el uso de la energía nuclear en general. Este esfuerzo ha tenido un éxito impresionante. Como parte de su campaña por ejemplo, ha alentado y fortalecido la resistencia del gobierno austríaco a la terminación y la operación ulterior de instalaciones nucleares en los países colindantes con este Estado. Las actividades de Greenpeace (Paz Verde) a este respecto son una buena ilustración del fenómeno de las maneras en que las redes de ONG transfronterizas constituyen "canales de influencia sin precedentes", según lo describe Jessica Matthews en el artículo de Foreign Affairs al que nos referimos en la nota final no. 7.

En el otro extremo hay grupos como el PPNN, que se concentran en una sola cuestión que abordan con profundidad poniendo atención en temas relacionados con su interés primordial, pero a la vez tratando de no desviarse demasiado de ese interés principal. Estos grupos en general dan preferencia al estudio, a la diseminación de información temática y al intercambio de ideas, y gran importancia a abstenerse de defender una política o un enfoque particular para alcanzar sus metas. El objeto de estos ONG es, en primer término, ayudar a mejorar la capacidad de su público meta para considerar determinado tema con miras a encontrar soluciones a problemas específicos. El PPNN, por ejemplo, al haber adoptado como misión principal ayudar a frenar la proliferación de las armas nucleares y promover su eliminación, busca proporcionar a funcionarios gubernamentales, diplomáticos, académicos y medios de comunicación información objetiva sobre os avances en el área de la no proliferación nuclear y el desarme. Constituido en torno a un Grupo Central de expertos en no proliferación y desarme de 17 Estados, puede fungir como una fuente de asesoría basada en información imparcial y sin ninguna tendencia política.

Hoy en día, cualquier asunto internacional se convierte en un tema de interés para un gran número de ONG, trátese de la categoría de ONG especializados o a la de ONG diversificados antes referidas. A la conferencia que se celebró en Nueva York en la primavera del año pasado, que revisó la observancia del Tratado de No Proliferación ya terminó extendiendo su vigencia indefinidamente, asistieron representantes de más de 150 organizaciones no gubernamentales. La lista de estos representantes lleva el encabezado "Institutos de investigación y organizaciones no gubernamentales", lo cual evidenció y evitó la dificultad que la Secretaría hubiera tenido para definir con precisión cuáles de esas organizaciones son ONG propiamente dichos y cuáles podría haber tenido que definir de otra manera. La lista incluye desde los grupos de defensa nacionales e internacionales más relevantes hasta individuos dedicados a la investigación, y señala la amplia gama de objetos de las organizaciones enumeradas8.

Lo que estos diversos grupos tienen en común es la ausencia de participación gubernamental formal. Puede ser que algunos gobiernos traten de asociarse con los objetivos y las actividades de cierto grupo y promover su trabajo dándole apoyo práctico o financiero --y con ello influir hasta cierto punto en él--. No obstante, en principio, los ONG que aquí comentamos, verdaderos "ONG", son independientes de la interferencia gubernamental. Algunos, como el de Parlamentarios por la Acción Global al que aludimos antes, pueden obtener algunos fondos de gobiernos o legislaturas, pero dado que implican a legisladores de una amplia gama de Estados, logran un grado notable de imparcialidad. Hay ONG que incluyen a individuos que son o fueron funcionarios gubernamentales, pero como en el caso de mi propio organismo, éstos actúan meramente a título personal. El PPNN obtiene sus fondos de una serie de fundaciones privadas en los Estados Unidos, Japón y el Reino Unido. En algunas ocasiones recibe una modesta ayuda gubernamental en especie, por ejemplo con objeto de subsidiar el viaje de participantes de países en desarrollo para asistir a una reunión, o para que las actas de una conferencia se traduzcan a una segunda lengua de trabajo. Sin embargo, cabe señalar que tal ayuda no está condicionada a que el PPNN actúe a favor de un interés específico de los países en cuestión o que siga la política específica del donador. La composición multinacional del Grupo Central que constituye la base de las operaciones del PPNN garantiza su independencia respecto de cualquier Estado o grupo de Estados.

Un mérito especial de algunos ONG es que pueden servir como una plataforma de resonancia de iniciativas gubernamentales posibles que no se pueden debatir de una manera productiva dentro del gobierno o no están lo bastante maduras como para ser debatidas. De este modo, los ONG pueden preparar el terreno para que se difundan ideas que a la larga se convierten en temas de debate o de negociación de carácter oficial. Puesto que los ONG pueden trabajar sin publicidad, las actividades en esta área no existen para el público y es posible negarlas; aunque las propuestas que presenten expresen la forma de pensar de un gobierno o un grupo de gobiernos en particular, no es necesario identificar esa fuente. Por tanto, los ONG pueden ser un punto de reunión para debatir iniciativas que ya se prestan o no a un diálogo intergubernamental abierto. A esto podríamos llamarlo "construcción preparatoria de tratados" o "pre-negociación". Uno de los aspectos de esta función es que los ONG pueden avanzar hacia sus objetivos más rápido que las burocracias, que por naturaleza se mueven con más lentitud.

Un elemento excepcionalmente importante del trabajo, sobre todo el de la categoría de ONG que se concentran en asuntos específicos, consiste en asesorar a los gobiernos en materia de legislación a fin de hacer posibles determinadas políticas (por ejemplo: reglamentos de exportación para restringir el flujo de materiales o equipo de producción de armas de destrucción masiva) y capacitar a funcionarios en la aplicación de esos reglamentos (por ejemplo, en prácticas aduaneras y el reconocimiento de artículos que podrían caer dentro de las categorías sujetas a restricciones). Los ONG también pueden servir de medios para transferir experiencia en áreas sensibles como es la de la seguridad física de las instalaciones y los materiales, acerca de la cual es probable que los gobiernos no siempre quieran pedir asesoría a otros gobiernos. Las organizaciones internacionales gubernamentales también pueden aprovechar la experiencia y la asesoría de los ONG. Esto lo vimos, por ejemplo, durante el proceso de establecimiento de la zona libre de armas nucleares de África, cuando el PPNN desempeñó un papel modesto pero discernible y uno de los miembros de su Grupo Central fue uno de los autores principales del Tratado de Pelindaba.

La experiencia ha demostrado que existen múltiples maneras en que un organismo internacional especializado como el PPNN, que opera de un modo estrictamente independiente de los gobiernos pero a la vez posee buenos contactos con un gran número de funcionarios gubernamentales en todas las regiones del mundo y es visto con buenos ojos por la mayoría de los gobiernos que están al tanto de sus actividades, puede contribuir a la creación de ZLAN y al trabajo de éstas. La pericia representada por los miembros actuales y anteriores de su Grupo Central le permite funcionar como un recurso valioso del que las Secretarías de las ZLAN pueden echar mano para obtener asesoría e investigaciones sobre temas específicos. Si así se les solicita, estas organizaciones pueden considerar algunas cuestiones pertinentes a la creación y al funcionamiento de ZLAN nuevas o existentes, como el PPNN lo ha hecho en el pasado. Los ONG dotados con los atributos característicos de un organismo como aquél con el que está asociado el autor del presente, pueden servir de foro para debates conducentes a negociaciones intergubernamentales sobre acuerdos regionales que podrían culminar en el establecimiento de una ZLAN. Sus reuniones ofrecen ocasiones propicias para explicar las funciones y las posibilidades de las ZLAN en general o en una región específica. Las reuniones de los ONG como el PPNN asimismo pueden servir de foro para debatir las modalidades de implantación de acuerdos de desnuclearización regionales y en general brindar oportunidades de contacto personal y deliberaciones informales que los diplomáticos y otros funcionarios gubernamentales participantes tal vez no tengan en otros lugares.

Más específicamente, volviendo al caso de OPANAL y del PPNN, es obvio que las prácticas del primero, ya hace mucho establecidas, corresponden poco o en nada a las actividades de un ONG que tiene exactamente dos decenios de existir. Por otra parte, la experiencia obtenida con el establecimiento y la implantación del Tratado de Tlatelolco y la creación y consolidación de OPANAL le ha dado al PPNN mucho material que utiliza cuando se le pide que ayude a otros en esta área. Gran parte de ese material ha sido del dominio público desde hace largo tiempo, particularmente merced a deliberaciones realizadas dentro del marco de las Naciones Unidas. Pero existe una variedad de aspectos únicos de OPANAL, y el PPNN los ha utilizado para promover acciones similares en otras partes. En este contexto, podríamos pensar en primer término en la existencia de arreglos de verificación subregionales como el de la Agencia Brasileño-Argentina para la Contabilidad y el Control de Materiales Nucleares (ABACC), que cumplen con los requisitos establecidos por el Tratado y el organismo global de salvaguardias, la Agencia de Energía Atómica.

El origen de esos acuerdos especiales de verificación, aunque se conoce ampliamente, merece una breve mención en este contexto. En las décadas de 1970 y 1980 hubo informes intermitentes acerca de intentos por parte de Argentina y Brasil de usar la energía nuclear con fines militares. Se informó que ambos Estados estaban buscando medios de enriquecer el uranio con miras a utilizarlo para la propulsión de navíos, y que Brasil posiblemente le llevaba la delantera a Argentina. También se informó que Brasil estaba construyendo reactores activados con uranio natural para producir plutonio. Se dijo que estas actividades formaban parte de un "programa paralelo" que no estaba sujeto a las salvaguardias internacionales. Se sostuvo incluso que se había impedido el acceso a personal de salvaguardias de la OIEA que intentó inspeccionar instalaciones amparadas por acuerdos que exigían salvaguardias. Por otra parte, se dijo que Argentina, que no había sometido todas sus instalaciones a las salvaguardias, asimismo estaba enriqueciendo uranio por lo menos en una instalación no sujeta a salvaguardias, presumiblemente también con miras a usarlo para la propulsión de navíos. Entonces, se dio por sentado que estos sucesos estaban obstaculizando las relaciones entre los dos países, ya de por sí un poco tensas.

A fines de la década de 1980, los regímenes militares de Argentina y Brasil fueron desplazados por gobiernos civiles y no transcurrió mucho tiempo antes de que los presidentes respectivos decidieron convertir a usos puramente pacíficos todas las actividades nucleares que habían tenido lugar en su país. En abril de 1988, los presidentes Alfonsin de Argentina y Sarney de Brasil suscribieron un acuerdo de cooperación para el uso pacífico de la energía nuclear. Poco después, el nuevo presidente de Argentina, Menem, visitó Brasil y en esa ocasión se amplió aún más la cooperación bilateral. Argentina planteó la posibilidad de acceder al Tratado de Tlatelolco si ella y Brasil podían coadministrar su propio sistema de verificación del cumplimiento. Sin embargo, entretanto, hubo informes acerca de otros avances en el programa nuclear de la armada de Brasil y en el verano de 1990 la Sociedad de Física Brasileña sostuvo que la armada tenía los medios para enriquecer el uranio al punto de convertirlo en armas, que la armada estaba planeando construir un reactor para la producción de uranio y que en el estado amazónico de Para se había cavado un pozo para realizar ensayos con explosivos nucleares. Aparentemente en respuesta a estos informes, el presidente de Brasil Collor de Mello ordenó el desmantelamiento del proyecto militar y el cierre público del pozo de Para. Más adelante, en un discurso ante la Asamblea General de la ONU, renunció formalmente a todas las explosiones nucleares. Esto dio mayor impulso a la cooperación entre Argentina y Brasil y al establecimiento de la ABACC, conforme a la cual ambos países verificarían la observancia de sus compromiso respectivo de usar la energía nuclear sólo para fines pacíficos. Argentina, Brasil y la ABACC posteriormente suscribieron un acuerdo con la OIEA que estipulaba la coordinación entre los diversos sistemas de verificación. En 1992, Argentina anunció que estaba lista para ratificar el Tratado de Tlatelolco y ese año, en el 25o. aniversario de éste, declaró junto con Brasil su intención de aceptar la entrada en vigor del Tratado en su territorio. Y procedió a cumplirlo un año más tarde9.

Vale la pena señalar ese suceso a guisa de ejemplo de la versatilidad y utilidad de los arreglos de ZLAN como soluciones a la tensión regional. Se trataba de uno de los países latinoamericanos más importantes con un programa activo de armas nucleares ante otro país que ciertamente tenía las posibilidades de lleva a cabo un programa similar de no ser porque ya había emprendido otro. La situación se manejó mediante una forma de cooperación única, tanto en actividades nucleares pacíficas como en arreglos para asegurar que ambos Estados efectivamente cumplieran con su compromiso de realizar esas actividades con fines pacíficos. Más adelante, tales acuerdos, debidamente asociados al sistema de salvaguardias de la OIEA, se sometieron a la égida del Tratado de Tlatelolco. En última instancia, es justo decir, por lo tanto, que el Tratado hizo posible que los dos Estados dieran marcha atrás en el borde"10.

Otros aspectos importantes inherentes al Tratado de Tlatelolco que podríamos mencionar son la clara definición de la zona geográfica que cubre; el elevado número de sus ratificaciones; el solemne compromiso de todos los Estados ajenos a la región que tienen responsabilidades geográficas y políticas en ella de comportarse como su fueran miembros de la misma; y las garantías de seguridad negativas ofrecidas por todos los Estados que poseen armas nucleares. En último lugar --aunque no por orden de importancia--, cabe hacer mención de la existencia de una Secretaría eficaz y de los esfuerzos, cada vez mayores, de OPANAL para dar a conocer sus actividades a los gobiernos miembros y a los gobiernos de los Estados no miembros, así como a las organizaciones no gubernamentales con algún interés en el área.

El reconocimiento por parte de OPANAL de las contribuciones que los ONG podrían hacer a su trabajo lleva la simiente de una gran cooperación positiva. Los ONG --y aquí el autor nuevamente habla desde la perceptiva de un organismo de esta naturaleza, y aun así puramente a título personal-- pueden hacer cosas que ni las organizaciones gubernamentales ni las intergubernamentales pueden hacer fácilmente. Por ejemplo, mientras que la organización regional podría intentar coordinar las posturas adoptadas por sus miembros en diversas reuniones de naturaleza global, por ejemplo, conferencias de revisión de la observancia del Tratado de No Proliferación, un organismo como el PPNN podría ayudarla en ese esfuerzo mediante actividades a las que la secretaría central sería menos proclive o que no podría respaldar por estar menos equipada para ello. El PPNN ya ha dado un paso en esta dirección al celebrar una reunión en Caracas en la que informó a diplomáticos y otros funcionarios de la región sobre problemas globales de la no proliferación y preparó el terreno para debates informales acerca de esos problemas a la luz de preocupaciones estrictamente regionales. El PPNN también ha comprobado que puede hacer contribuciones por medio de, entre otras cosas, la distribución de documentación pertinente; la creación de oportunidades para que miembros de la organización regional expongan puntos de vista regionales en reuniones sobre la no proliferación nuclear y el desarme con un enfoque primordialmente global; y preparando el camino para intercambios entre representantes regionales y portavoces de organizaciones que funcionan como elementos del sistema mundial de no proliferación, como la Agencia de Energía Atómica y el Grupo de Proveedores Nucleares. Como ya vimos en el pasado, las reuniones informales pueden servir para promover la ventilación de los problemas de seguridad física y seguridad ambiental que plantea el transporte internacional de material nuclear y desechos radioactivos. Algo que quizá es más importante aún es que los seminarios periódicos del PPNN para diplomáticos pueden abrir la puerta para debates entre representantes de los Estados partes en documentos como el Tratado de Tlatelolco y personal de los Estados que poseen armas nucleares, en materia de desarme nuclear, garantías de seguridad y otros aspectos de la seguridad nuclear de interés tanto regional como global.

En resumen, los acuerdos sobre las zonas libres de armas nucleares han llegado a ser factores clave de la seguridad regional, barreras a la proliferación de las armas nucleares en las áreas en cuestión y elementos esenciales de las acciones globales encaminadas al desarme nuclear. La zona libre de armas nucleares de América Latina y el Caribe que se creó hace 30 años en virtud del Tratado de Tlatelolco se ha convertido en el prototipo de tales acuerdos *ejemplo, y hasta la fecha el más exitoso, de ellos. Tlatelolco posee algunas características únicas que refuerzan su papel prototípico. La Secretaría de OPANAL, organismo creado por el Tratado para la implantación del mismo, se dedica a buscar formas de mejorar lo más posible tal implantación. Y una de ellas es que ha empezado a aprovechar la experiencia de organizaciones no gubernamentales activas en el área sustantiva y geográfica que cubre el Tratado. Considera dónde se podrían utilizar más eficazmente las capacidades de los ONG para complementar sus actividades y ayudar en áreas de trabajo particulares. Esta acción se encuentra apenas en su primera fase, pero ya ha mostrado que tiene posibilidades de rendir frutos mutuos. OPANAL podría estudiar dónde podrían ser mayores estas posibilidades y promover la cooperación donde crea que es necesario y factible. OPANAL, por lo menos, junto con otros grupos no gubernamentales, debe estar dispuesto a brindar toda la ayuda que pudiera solicitársele.



REFERENCIAS:

(1) Documento de la ONU S-10/2, Documento Final del 10o. Período Especial de Sesiones de la Asamblea General, incisos 60-62.

(2) Artículo 8 del Tratado de la Zona Libre de Armas Nucleares de África del 11 de abril, 1996. (Documento de la ONU A/50/426 13/9/1996).

(3) Artículo 4 del Tratado de la Zona Libre Nuclear del Pacífico Sur del 6 de agosto de 1985, titulado Actividades nucleares pacíficas, se limita a estipulaciones sobre la no proliferación similares a las del TNP.

(4) La frase "y el Caribe" se agregó como parte de una serie de modificaciones aprobadas en un período especial de sesiones de la Conferencia General de OPANAL en agosto de 1992.

(5) Véase una breve historia de los debates en diversas sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas en "The United Nations and Disarmament 1945-1970", UN Publication, Sales No.:70.IX.1, páginas 334-346.

(6) Nombre completo: Conferencias de Pugwash sobre Ciencia y Asuntos Internacionales.

(7) Véase un comentario breve, pero muy informativo, sobre el papel que los "actores no estatales" y en particular los ONG han llegado a desempeñar en las relaciones internacionales, en Jessica T. Matthews, "Power Shift", en Foreign Affairs, enero-febrero de 1997, vol. 76, no. 1, pp. 50-66.

(8) TNP/CONF. 1995/32 (PARTE II), páginas 550-576.

(9) John Redick resume claramente las fases previas de este suceso en su escrito "Argentina and Brasil: an Evolving Nuclear Relationship", PPNN Occasional Paper Seven, julio de 1990.

(10) El desarrollo de este acontecimiento puede verse en los Newbriefs del PPNN del período de marzo de 1988 a septiembre de 1993, particularmente en los números 1, p. 3; 2, p. 3; 6, p.8; 7, p. 3; 8, pp. 3, 7; 11, pp. 2,7; 17, p. 3; 21, pp. 3, 12; 24, p. 7. En este contexto, es interesante comparar el caso de Brasil con el de Sudáfrica, que logró producir un modesto arsenal nuclear y lo destruyó antes de ser parte del Tratado de Pelindaba. Mientras que en el caso de Brasil fue la existencia del Tratado de Tlatelolco lo que le facilitó retractarse de su programa militar, en el de Sudáfrica podría decirse que fue la reversión de su política militar lo que hizo posible que se suscribiera el Tratado de Pelindaba.

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