El Papel del Tratado de Tlatelolco en la paz y la Seguridad Internacionales
José R. Martínez Cobo.
Ex-Secretario General del OPANAL
1.- Al habérsele otorgado la más alta presea a la que puede aspirar un ser humano el Premio Nobel
de la Paz 1982, al eminente jurista e internacionalista mexicano Alfonso García Robles por " su constante
y abnegada labor en favor del desarme " por haber sido el inspirador y eficiente propulsor del tratado de
Tlatelolco " la comunidad internacional reconoció la trascendental importancia que tiene para la filosofía
política de la paz y la convivencia civilizada de los pueblos la zona desnuclearizada latinoamericana.
2.- Ese Premio Nobel fue también un homenaje a la América Latina en su integridad ya que a ella le
toco participar en la ardua labor que hizo posible en 1967 abrir a la firma el Tratado de Tlatelolco no solamente
como vinculación impuesta por la espontánea necesidad de la supervivencia sino como cabal reflejo
de la mística pacifista arraigada fuertemente en la conciencia de nuestras nacionalidades la que impulsó
la creación de la primera Zona Libre de Armas Nucleares en una región densamente poblada del mundo.
3.- El acto de voluntad soberana de renuncia y repudio a toda clase de armas nucleares es un buen ejemplo de medidas
efectivas para lograr el desarme universal general y completo bajo control internacional eficaz. Al reducir los
espacios del globo terráqueo en los que es potencialmente posible un enfrentamiento nuclear y al limitar
geográficamente la proliferación de este tipo de artefactos se dio una valiosa contribución
no solamente a la seguridad del hemisferio sino a la de toda la humanidad.
4.- Uno de los mayores aportes que ha ofrecido la inteligencia del hombre latinoamericano en todas las épocas
al derecho internacional es el Tratado de Tlatelolco. En los más altos foros internacionales ha sido elogiado
sin reservas como "trascendental contribución al desarme " como " estímulo y ejemplo
" y como " obra de pioneros que por su importancia trasciende las fronteras latinoamericanas ".
El mismo año de su nacimiento la Asamblea General de Naciones Unidas " acogió con especial beneplácito
" y declaró " que constituye un acontecimiento de significación histórica ".
5.- El aumento constante de los países que acceden a la tecnología nuclear con fines bélicos
constituye una grave amenaza para la paz y para la propia existencia de la humanidad. De año en año
hay más Estados que se sitúan en el umbral de la carrera armamentista nuclear adquiriendo la capacidad
para fabricar este tipo de artefactos sin necesidad de apoyo del exterior. La sola posesión de arsenales
nucleares puede conducir a la catástrofe por error, por el simple azar o por la irresponsable locura de
que la historia no se encuentra libre.
6.- El problema de la proliferación no es técnico sino político, para que tenga éxito
los esfuerzos de no proliferación y también las zonas desnuclearizadas es fundamental que los Gobiernos
comprendan que la no adquisición de armas de este tipo redunda en interés de su propia seguridad.
Por fortuna ninguno de los países latinoamericanos se ha embarcado en la demencial aventura de fabricar
o adquirir este armamento, pero es evidente que la voluntad política de los gobernantes puede cambiar si
es que no existe un compromiso convencional de carácter internacional que los impida hacerlo.
7.- El escepticismo que muchos abrigaron sobre el porvenir del Tratado y de sus dos Protocolos Adicional, al pensar
que se había preparado un convenio fuera del texto de las potencias nucleares y sin haber obtenido previamente
de éstas su garantía de respeto ha resultado totalmente infundado. Los obstáculos y dificultades
que se han debido vencer para llegar al resultado actual y a la meta final que ya se avizora son excepcional demostración
de la capacidad creadora y del pensamiento homogéneo y solidario de los pueblos latinoamericanos.
8.- Después de los primeros treinta años de vigencia del Tratado sus propósitos conservan
íntegramente su validez. Los Gobiernos de los Estados ubicados en la zona de aplicación, sin una
sola excepción, lo han apoyado siempre con actitud altamente positiva. Cubre actualmente una enorme extensión
territorial tanto de los Estados soberanos cuando, a través del Protocolo I, de los administrados por países
extracontinentales, preservando a decenas de millones de gentes de los peligros que acarrea la fuerza del átomo
aplicada a fines que no sean estrictamente civiles.
9.- Nadie discute después de estos tres decenios que el Tratado ha sido un instrumento importantísimo
para que los pueblos de la América Latina y el Caribe vivan sin el temor del holocausto nuclear que podría
terminar con la existencia misma de sus ciudadanos y aniquilar el patrimonio cultural y artístico trabajosamente
elaborado por el esfuerzo de muchas generaciones. Asimismo ha eliminado la posibilidad de que los Gobiernos se
empeñen en una absurda carrera armamentista nuclear que representaría un injustificable despilfarro
de sus limitados recursos económicos.
10.- El hecho de que el proceso del Protocolo II esté terminado, ya que los cinco Estados reconocidos como
potencias nucleares lo han firmado y ratificado demuestra la efectividad del Tratado. Esas potencias se han comprometido
a respetar la decisión soberana de liberar de armas nucleares a la región y han reconocido expresamente
que las zonas militarmente desnuclearizadas contribuyen de manera real al desarme general y completo y son un valioso
medio para la seguridad del planeta.
11.- Quienes diseñaron el Tratado de Tlatelolco pensaron que la zona desnuclearizada latinoamericana debía
coexistir y colaborar con otras ubicadas en diversas regiones del mundo para realizar un esfuerzo mancomunado en
favor del desarme universal. La Asamblea General de las Naciones Unidas en resoluciones que se repitieron durante
largos años instó a que se siguiera cuanto antes el ejemplar camino señalado por América
Latina. Cuando tuve el privilegio de dirigir el OPANAL no se vislumbraba la posibilidad de que ello ocurriera.
12.- Este hecho le quitaba a nuestra zona la proyección universal que debía tener como instrumento
adecuado para la paz y la seguridad internacionales coexistiendo con otras que cubrieran gran parte del globo terráqueo,
por ventura la situación ha cambiado asisten a la conmemoración del Trigésimo Aniversario
del OPANAL los personeros de otras tres zonas militarmente desnuclearizadas. La Organización con su experiencia
singular y única en este campo contribuyó a su establecimiento y deberá seguir colaborando
con Naciones Unidas para que pronto surjan otras zonas.
13.- Entre los objetivos del Tratado ocupa lugar primordial el de asegurar la posibilidad de que los países
del área utilicen la energía nuclear con fines pacíficos para el desarrollo económico
y el progreso social equilibrado de sus pueblos, partiendo del supuesto de que los avances tecnológicos
y las grandes conquistas científicas tienen que estar al servicio de todas la naciones. Los adelantos en
esta materia son espectaculares y cualquier retraso puede ser muy perjudicial.
14.- Los países latinoamericanos y del Caribe están en capacidad de aprovechar con mayor eficiencia
la ciencia nuclear. Quizás ha llegado el momento de darle un nuevo contenido al OPANAL para que comience
a actuar como coordinador en este campo tratando de ampliar la colaboración y el intercambio de experiencias
entre sus miembros, capacitando expertos y ayudando a los países económicamente más débiles
para que inicien el despegue. Tiene la estructura jurídica adecuada pero carece de recursos y de técnicos
apropiados.
15.- Es de justicia señalar que el gran animador del Tratado de Tlatelolco en estos treinta años
ha sido y sigue siendo el pueblo mexicano. A través de sus eminentes juristas intervino activamente en el
largo y complicado proceso de la elaboración del instrumento convencional y luego por intermedio de sus
Gobiernos legítimos ha brindado permanentemente al OPANAL su generoso y decidido apoyo permitiendo que en
corto tiempo se convierta en una Organización estable y prestigiosa , de objetivos claros y programas bien
concebidos.
16.- El Tratado de Tlatelolco ha colocado a la América Latina en un lugar de honor en el mapa mundial de
la paz y el desarme. No en vano se dijo en el momento de abrirlo a la firma que era " la realización
parcial del viejo sueño de vertebración latinoamericana que agitó la mente visionaria de Simón
Bolívar ". La empresa que entonces se emprendió representó un desafío a la capacidad
de los Estados de la región para trabajar juntos y conseguir resultados que reflejen sus anhelos de paz
y su determinación de poner las fuerzas de la muerte al servicio de la vida.